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330. Aora: yo no puedo saber lo que se pensará entre los sábios sobre la oportunidad de estas ideas. Lo que á mí me parece es lo que únicamente puedo decir; remitiéndome enteramente á su juicio y discrecion. A mí me parece, hablando en verdad, y simplicidad de corazon, que en estos asuntos ya es pasado el tiempo de callar ó de prescindir, que fué el tiempo de los antiguos padres, y de los doctores que les sucedieron, y que ya nos hallámos en los tiempos de hablar. La revelacion ó manifestacion de aquellas cosas, que en otros tiempos hubieran sido poco convenientes, y aun dañosas á la joven esposa, aora en estos tiempos parecen ya convenientes, y casi absolutamente necesarias. Cualquiera que lo dudare, no tiene otra cosa que hacer, sino abrir los ojos y mirar. Con esta sola diligencia podrá fácilmente salir de toda duda.

331. ¿ Cómo es posible confundir los tiempos presentes con los pasados: los tiempos de la juventud de la esposa, con los de la mayor edad: los tiempos de inocencia y de simplicidad, con los tiempos de sagacidad y aun de malicia: los tiempos de amor y de fervor, con los tiempos que ya parece amenazan, prenunciados por S. Pablo: vendrán tiempos peligrosos*, de tibieza, y aun de frio en la caridad; porque se multiplicará la iniquidad, dice el esposo mismo, se resfriará la caridad de muchosf: y en otra parte: fardándose el Esposo, comenzaron á cabecear, y se durmieron todas 1 (las vírgenes %) Pues mudadas ya las circunstancias en que se hallaban los santos padres, en esta sensualidad, en esta delicadeza y pompa mundana, en esta distraccion, en esta soñolencia, descuido y aun tédio formal

lo. Tempus nascendl, et tempus moriendi... Tempus occidendi, et tempus sanandi. Tempus destruendi, et tempus aedificandi... Tempus tacendi, et tempus loquendi. — Eccl. iii, 1, 2, 3, 7

* Instabunt tempora periculosa.—2 ad Jim. iii, 5.

t Quouiam abuudabit iniquitas, refrigescet chantas multorum.— Mat. xxiv, 12.

\ Moram autem facicnte Sponso, dormitaverunt omnes et dormierant. — Id. xxv, 5.

de los verdaderos intereses del esposo (que ven y lloran los que tienen ojos) ¿ no será ya tiempo de decirle, de advertirle, de acordarle, lo que está declarado en la Escritura .de verdad? ¿ No será ya tiempo de decirle lo que en otros tiempos no convenia? ¿ Se podrá mirar como un delito, y no antes como un verdadero servicio, el decirle con reverencia, mas clara y distintamente, que está amenazada del esposo con aquel mismo castigo y tal vez mayor, con que fué castigada la primera esposa? por la fe estás en pie: pues no te engrías por eso, mas antes teme. Porque si Dios no perdonó á los ramos naturales: ni menos te perdonará á tí. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios: la severidad para con aquellos que cayeron; y la bondad de Dios para contigo, si permanecieres en la bondad: de otra manera serás tambien cortado*.

ANOTACION SEGUNDA.

332. En dos ó tres lugares de ésta obra se insinúa, y en el último se dice claramente, que hasta aora no sabemos bien lo que pedimos al Señor por aquellas palabras: venga el tu reino; lo cual parece falso, ó poco conforme á la verdad por esta razon: Jesucristo en su primera venida fundó un reino espiritual de justicia y santidad, que él mismo llamaba frecuentemente reino de los cielos, y reino de Dios. Aunque despues en su segunda venida haya de fundar otro reino, segun las Escrituras, ó haya de hacer lo que quisiere, como Señor absoluto de todo: no por eso ha de destruir el reino de justicia ya fundado: luego si hasta aora se ha pedido este reino, se ha entendido muy bien lo que se ha pedido. Yo confieso que no entiendo bien, sino confusamente, lo que pretende esta anotacion. No obstante, á esto poco que me parece entiendo en general, voy á responder con toda brevedad.

RESPUESTA.

333. Jesucristo en su primera venida fundó un reino

• Ad Rom. xi, 20, 21, 22. Vide fol. 190.

espiritual de justicia y santidad, que él mismo llamaba frecuentemente reino de los cielos, y reino de Dios, Bien: luego este reino ya vino al mundo: ya lo tenémos con nosotros en nuestra tierra. Si ya vino, y ya lo tenémos, ¿ para qué pedimos que venga? ¿ No será esta una peticion inútil é injuriosa á Dios? O creemos que ya vino al mundo el reino que pedimos, ó no lo creemos: si lo primero: luego no tenemos ya que esperarlo: por consiguiente deberémos escusar ya esta peticion; porque lo que uno ve, ¿ como lo espera?... lo que no vemos, esperamos*: si lo segundo: ;por qué no nos esplicamos un poco mas?

334. Este embarazo parece que obligó á otros sábios á tirar por otro camino. Así, dicen, que lo que pedimos á Dios por estas palabras venga el tu reino, es, que la Iglesia presente (que es sin duda el reino de Dios) crezca y se estienda á todo el linage humano, y que todos sus individuos entren en la Iglesia y sean justos y santos, &c. Esta peticion no hay duda que es buena, y digna de un verdadero cristiano; mas para pedir este bien no parecen tan propias las palabras venga el tu reino; antes parecen sumamente impropias, oscuras, y nada acomodadas al fin. Venga tu reino: esto es: el reino qne ya vino, crezca y se estienda por toda la tierra. Venir y crecer son ciertamente dos palabras, cuyo diverso significado no podia ignorar el qne nos enseñó á orar con esta admirable oracion.

335. Mas si por ellas entiendo el reino que ha de venir, cuando venga el rey, segun me lo anuncian las santas Escrituras, las palabras con que pido las hallo claras, simples, propias y escogidas entre millares de otras que pudieran imaginarse. Con ellas pido, y entiendo clarísimamente lo que pido: y si tengo verdadero celo del bien de mis prójimos, si deseo con verdad que todos los pueblos, tritribns y lenguas, adoren al verdadero Dios, que todos sean Cristianos, que todos sean justos y santos, &c., todo esto lo comprendo en mi peticion, y todo lo pido confiadamente

. .• Nam quod videt quis, jquid gperat?... quod non videmus, spernmus. — Ad Rom. viii, 24, 25.

sin salir de aquellas tres palabras: venga el tu reino. Digo confiadamente: porque sé por las mismas Escrituras que este bien que deseo á todo el linage humano, no puede ser en el estado presente; pero será sin falta cuando venga el reino que pido. Por tanto, lejos de temer la venida del rey en gloria y magestad, antes la deseo con las mayores ansias, y la pido con todo el fervor de que soy capaz; así por el remedio pleno de los miserables Judios, como tambien por todo el residuo de las gentes; las cuales despues de acabada la vendimia... levantarán su voz, y darán alabanza: cuando fuere el Señor glorificado, alzarán la gritería desde el mar*. De todo lo cual hablarémos de propósito cuando sea su tiempo.

336. Jesucristo en su primera venida fundó (dicen) un reino espiritual, que él mismo llamaba reino de los cielos, y reino de Dios. Aquí se divisa facilmente un equívoco de no pequeña consideracion. Lo que Jesucristo llama frecuentemente en sus parábolas reino de los cielos, reino de Dios, no es otra cosa las mas veces por confesion de todos, que lo que él mismo llama el reino del evangelio: esto es, la noticia, buena nueva, anuncio, predicacion del reino de Dios. Reino de los cielos (dice S. Jerónimo) es la predicacion del Evangelio, y la noticia de las Escrituras, que conduce á la vidaf. Esta predicacion y noticia del reino parece claro, que no puede ser el reino mismo, sino como un pregon ó convite general que se hace á todos, para que se alisten los que quisieren bajo esta bandera; para que admitan, ó no, segun su voluntad la filiacion de Dios, que á todos se ofrece con ciertas condiciones; y de esta suerte puedan tener parte y herencia perpetua en el reino de Cristo, y de Dios.

"Cüm fuerit finita vindemia... levabunt vocem suam, atque lau dabunt: cíun glorificatus fuerit Dominus, hinnient de mari. — Isai. xxiv, 13, 14. ,

t Regnum coelorum praedicatio Evangelii est et notitia scripturarum, quae ducit ad vitam.— £>w. Hperon. H6. ii, com. in cap. xiii. Mat.

387. Aora: todos los que son llamados á este reino, son al mismo tiempo obligados á poner de su parte ciertas condiciones indispensables, comprendidas todas en estas dos palabras: fe y justicia, ó segun se esplica S. Pablo fe que obra por caridad*. Los que observaren fielmente estas dos leyes con toda su esten sion pueden mirarse ya como hijos del reino, y esperar para su tiempo ser herederos verdaderamente de Dios, y coherederos de Cristof. Mas no podrán decir que ya están en posesion de esta herencia; antes deberán siempre vivir en solicitud, en vigilancia, en temor y temblor, teniendo presente aquella sentencia del Señor: el que perseverare hasta el fin, este será salvo%. Por eso el mismo Señor, preguntándole los Fariseos: ¿Cuando vendrá el reino de Dios^l les dió aquella divina respuesta: el reino de Dios está dentro de vosotros...\\. Como si dijera: pensad en haceros dignos del reino de Dios, con lo que está dentro de vosotros y de vuestra parte; no en inquirir curiosamente cuando vendrá. Esta justicia ó disposicion para el reino de Dios, este convite al reino, esta predicacion de la fe y justicia necesaria para conseguirlo, no es ciertamente el reino mismo, y si se llama reino, es solamente en sentido latísimo; así como se llama templo ó palacio un edificio que se está haciendo. La noticia de este reino ya la tenémos por la predicacion de los Apóstoles: lo que se nos pide de nuestra parte no lo ignoramos: por consiguiente creemos este reino, lo esperamos y deseamos: si lo creemos, esperamos y deseamos, luego todavía no lo tenémos: luego podémos y debémos pedirlo con aquellas divinas palabras venga el tu reino: luego podémos y debémos esperar que á su tiempo se nos con

• Fldes, quae per charitatem operatur.—Ad Gal. v, 6.

t Haeredes quidem Dei, cohaeredes autem Christi.'—Ad Rom. viii, 17.

J Qui autem perseveraverit usque in finem, hic salrus erit.— Mat. xxiv, 13.

§ Interrogatua autem á Pharisaeis: Quando venit regnum Dei t Lue. xvii, 20.

|| Rejrnum Dei intra voi est.—Luc. xvii, 21.

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