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apresáre el valiente, podrá ser salvo? Porque esto dice el Señor: Ciertamente el cautiverio será quitado al fuerte; y lo que haya sido quitado por el valiente, se salvará. Mas á aquellos, que á te juzgaron, yo los juzgaré, y á tus hijos yo los salvaré. Y á tus enemigos daré á comer sus carnes; y se embriagarán con su sangre, así como con mosto; y sabrá toda carne, que yo soy el Señor tu Salvador, y tu Redentor el fuerte de Jacob *. 142. Las palabras no pueden ser mas claras, ni roas espresivas, ni mas tiernas, ni mas consolantes. No nos es posible observarlas todas en particular; lo puede hacer cualquiera por sí mismo, despues de haber examinado y entendido bien estos dos puntos capitales. Primero: ;quién es esta Sion que aquí se lamenta de haber sido abando

* i Nunquid oblivisci potest mulier infantem suum, ut non misereatur filio uteri sui? et si illa oblita fucrit, ego tamen non obliviscar tui. Ecce in manibus meis descripsi te: muri tui coram oculis meis semper. Venerunt struetores tui: destruentes te, et dissipantes a te exibunt. Leva in circuitu oculos tuos, et vide, omnes iati congregati sunt, venerunt tibí: vivo ego, dicit Dominus, quia omnibus bis velut ornamento vestifiris, et circundabis tibí eos quasi sponsa. Quia deserta tua, et solitudines tuae, et terra ruinae nunc angusta erunt prae babitatoribus, et longe fugabuntur qui absorbebant te. Adhuc dicent in auribus tuit filij sterilitatis tuae: Angustus est mihi locus, fac spatium mihi ut habitem. Et dices ín corde tuo: ; Quis genuit mihi iátos? ego sterilis, et non pariens, transmigrata, et captiva et istos < quis enutrivit? ego destituía et sola: et isti ¿ ubi erant? Haec dicit Dominus Deus: Ecce levabo ad gentes manum meam, et ad populos exaltabo signum meum. Et afferent filios tuos in ulnis, et filias tuas super humeros portabunt. Et erunt reges nutrítij tui, et rcginie nutrices tuae: vultu in terram demisso adorabunt te, et pulverem pedum tuorum lingent. Et scies quia ego Dominus, super quo non confundentur qui expectant eum. i Nunquid tolletur a forti praeda? i aut quod captum fuerit á robusto, salvum esse poterit? Quia liaee dicit Dominus: Equidem, et captivitas á forti tolletur: et quod ablatum fuerit a robusto, salvabitur. Eos vero, qui judicaverunt te, ego judicabo, et filios tuos ego sal vabo. Et cibabo hostes tuos carnibus suis: et quasi musto, sanguino auo inebriabuntur: et sciet omnis caro, quia ego Dominus salvan* te, et redemptor tuus fortis Jacob. —Itai. x\\x, 16 tugue ad 26.

nada, y olvidada de su Dios'? Segundo: ¿ de qué tiempo se habla aquí?

1.0 QUE SOBRE ESTOS DOS PUNTOS SE HALLA EN LOS DOCTORES.

PÁRRAFO II.

143. Cuanto á lo primero estamos bien seguros, sin sospecha de temor, que en este lugar los doctores no nos dirán lo que nos dicen en tantos otros, donde se habla de Sion (digo donde se habla á favor), esto es, que Sion significa la Iglesia presente. Esto fuera decir que la Iglesia presente es la que se lamenta de que Cristo su esposo la ha desamparado, y olvidado del todo: Me ha desamparado el Señor, y el Señor se ha olvidado de mí: confiesan pues aquí, como en otros muchos lugares nada envidiables, que la Sion que llora y se lamenta, no es otra cosa, que la casa de Jacob, en cuanto pueblo, ó Iglesia, ó esposa, ó signagoga del verdadero Dios. Confiesan mas, aunque en general y confusamente, que á ella le responde el Señor aquellas palabras amorosas, y de tanta consolacion.

144. Preguntadles aora pidiendo una respuesta categórica: ¿si todas estas palabras consolantes, y todas estas magníficas promesas, que acabais de leer, hablan con la misma Sion, que llora y se lamenta? y vereis con admiracion y pasmo, la negativa sin misericordia. No obstante, como por un esceso de bondad, y por el respeto tan debido al sentido literal de la Escritura santa, se conceden algunas pocas á la misma Sion, que llora, y se lamenta: esto es, la vigésima ó trigésima parte; las demas no pueden ser para ella, sino para la Iglesia ó la esposa presente; aunque esta no se ha lamentado ni hablado una palabra. Son estas cosas demasiado grandes, dice un doctor de Jos mas clásicos: y i quién no dice lo mismo en la práctica aunque tácitamente? Son estas cosas demasiado grandes para que podamos entenderlas en sentido literal, de la sinagoga ó de la nacion infiel y reprobada de los Judios, sino solamente en cuanto sombra y figura de la Iglesia presente. Y esto lo dice el buen hombre con satisfaccion, como si fuese el plenipotenciario de Dios, ó el dispensador de sus tesoros: como si Dios mismo no pudiese prometer y dar de lo que es suyo propio, sino con el conocimiento y beneplácito del hombre enfermo, escaso y limitado. ¿ Puede por ventura compararse con Dios un hombre, aun cuando fuese de una ciencia perfecta *? Yo sé que á esto se da comunmente el nombre honorable y glorioso de celo y de piedad cristiana; mas tambien sé con mayor certidumbre, que el verdadero celo, y la verdadera piedad cristiana, piden en primer lugar creer no solo en Dios, sino tambien á Dios y esperar que cumplirá infaliblemente lo que dice y promete, aunque yo pobre y limitado no alcance ni entienda como podrá ser.

145. Cuanto á lo segundo; esto es, cuanto á los tiempos de que se habla en la profecía, nos dicen, buscando de algun modo el sentido literal, que el lamento de Sion, y la respuesta consolatoria de Dios (no toda, sino aquella pequeñísima parte que se puede conceder sin perjuicio de las ideas favorables) se verificó, ya durante la cautividad de Babilonia, ya en la salida de esta cautividad: por lo cual le dice Dios á Sion estas palabras, que no se le disputan: He aquí que te he grabado en mis manos: tus muros están siempre delante de mis ojos. Vinieron tus reedificadores: los que te destruían y asolaban, se irán fuera de tíf: las cuales palabras, segun su esplicacion literal, tienen este sentido. Tengo en mis manos, ó Sion, el diseño de tu reedificacion: vinieron ó vendrán presto los que te han de edificar de nuevo, esto es, Zorobabel, Esdras y Nehemías: y los Caldeos que te han destruido, saldrán de tus confines, y serán castigados. ¿ Quién creyera, que

* ¿Nunquid Deo potest comparan homo, etiam cüm perfecta fuerit scientiae?—Job. xxii, 2.

t Ecce in manibus meis descripsi te: murí tui coram oculis meis semper. Venerunt structores tui: destruentes te, et dissipantes a te exibunt.—hat xlix, 16, 17.

ni aun esto poco que aquí conceden á la Sion llorosa, se verificó en la salida de Babilonia? Lo vereis mas despacio en el fenómeno vii, á donde me remito por aora.

146. Mas no es esto lo mas singular. En el versículo antecedente, nos dicen que quien habla, y se lamenta en espíritu es la Sinagoga, es la Iglesia, es la esposa antigua del verdadero Dios: y no obstante la respuesta que le da el Señor, se endereza solamente á la Sion material, ó á la ciudad y fortaleza de David; y toda la consolacion se reduce á que será reedificada de nuevo materialmente. Digo toda la consolacion: porque lo que se sigue desde aquí hasta el fin del capítulo, ya no se puede conceder ni á la Sion espiritual, ni mucho mi-nos á la material, ni á los tiempos de Zorobabel, Esdras y Nehemías. Son cosas demasiado grandes las que se dicen. Así, deben ser para otros tiempos, y para otra Sion, esto es, para la Iglesia presente. No hay que preguntar por qué razon, ó con qué justicia se quita á una pobre viuda llena de trabajos, aquello poco que le queda, que es la esperanza; y esto para darlo á otra, que no es viuda ni pobre, sino opulentísima, á quien todo le sobra. Esta razon no se produce ó porque no la hay, ó porque no es necesaria: son cosas que no pueden entenderse de otro modo, sin gran detrimento del sistema.

SE EXAMINEN ESTAS IDEAS A LA LUZ DE LA PROFECIA.

PARRAFO III.

147. Para conocer con toda certeza, si estas ideas son justas ó no, consideremos con alguna mayor atencion el contesto de todo este capítulo. Esto es todo lo que precede é. la queja de Sion. Con esto solo entenderémos al punto, así el tiempo de que se habla, como la ocasion y circunstancias de esta queja; por consiguiente, el misterio de la profecía todo entero. Lo primero que se presenta á los ojos clarísimamente, es, que desde la primera palabra empieza hablando sin interrupcion el Espíritu de Dios,

TOMO II. H

en persona del Mesías, y prosigue hablando hasta el fin, y aun hasta el capítulo siguiente. Habla primeramente con todos los pueblos de la tierra, á quienes pide toda su atencion, como que son cosas de suma importancia las que va á decirles: Oid, islas, y atended, pueblos de lejos*... Empieza dando una idea general, aunque grande y magnífica, de la escelencia de su persona, de su dignidad, de su ministerio, de los grandes designios que Dios tiene sobre él, para los cuales lo envia a la tierra: El Señor desde la matriz me llamó, desde el vientre de mi madre se acordó de mi nombre, Y puso mi boca como espada aguda: con la sombra de su mano me protegió, y púsome como saeta escogida: escondióme en su aljaba -f-.

148. Dice luego la mision que tiene de Dios directa é inmediatamente para la casa de Jacob, Y aora el Señor, que me formó desde la matriz por su siervo, me dice, que yo he de conducir á el á Jacob %. Lo cual concuerda perfectamente con lo que él mismo dijo despues, asegurando en términos formales, que no habia sido enviado de Dios, sino para las ovejas perdidas de la casa de Jacob: No soy enviado sino a las ovejas, que perecieron de la cusa de Israél^. Concuerda con lo que dice á las gentes cristianas su propio Apostol: Digo pues, que Jesucristo fué ministro de la circuncision por la verdad de Dios, pava confirmar las promesas de los Padres\\: y con lo

* Audite ínsulie, et attendite populi de longé. — Isai. xlix, 1.

t Dominus ab utero vocavit me, de ventre matris meae recordatus est nominis mei. Et posuit os meum quasi gladium acutum: in umhra manús suae protexit me, et posuit me sicut sagittam electam: in pharetra sua abscondit me. — Itai. xlix, 1, 2.

J Et nunc dicit Dominus, formans me ex utero servum sibi, ut reducam Jacob ad eum. — Ii ai .-xlix, 5.

§ Non suin missus nisi ad oves, quae perierunt domos Israel. — Mat. xv, 24.

|| Dico enim, Christum Jesum ministrum fuisse circumcisionis propter veritatem Dei, ad confirmandas promissiones Patrum.—Ad Bom. xv, 8.

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