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Jeremías capítulo ii *. No escuchó voz, ni recibió amonestacion:... decía por Sofonías capítulo iiif.

96. Llegando en fin la ingratitud, é iniquidad de este pueblo hasta el supremo grado, esto es, hasta desconocer, hasta crucificar á la esperanza de Israél, hasta cerrar voluntariamente los ojos á aquella grande luz que vieron los ciegos de nacimiento: esto es, aun el mismo pueblo de las gentes, que andaba en tinieblas,... en la region de lasombra de muerte%, llegó tambien hasta el supremo grado la justa indignacion de Dios; esto es, hasta privarlo enteramente del honor y prerogativas de pueblo suyo: hasta arrojarle de sí, abandonarlo, y desconocerlo, como si ya no fuese su padre ni su Dios: hasta reputarlo y mirarlo como cualquiera otro pueblo estraño y salvaje, á quien no tiene obligacion alguna, y aun á quien reputa entre sus enemigos. Así se lo tenia anunciado claramente por Daniel (diciendo): Y despues de sesenta y dos semanas será muerto el Cristo: y no será mas suyo el pueblo que le negará^. Así se lo tenia anunciado por Oseas cuando le mandó á este profeta que a un hijo que acababa de nacerle, le pusiese por nombre Longhammí, esto es: No pueblo mio\\; esplicando luego el enigma por estas palabras: porque vosotros no sois mi pueblo, y yo no seré vuestro^. Así lo tenia anunciado por Malaquias: no está mi voluntad en vosotros,... ni recibiré ofrenda alguna de vuestra mano. Porque desde donde nace el sol hasta donde se pone, grande es mi nombre entre las gentes, y en todo lugar se sacrifica y ofrece á mi nombre ofrenda pura**.

• Frustra percussi filios vestros, disciplinam non receperunt. — Jer. ii, 30.

•f Non audivit vocem, et non suscepit disciplinam.—Sophon. iii, 2.

J Qui ambulabat in tenebris... ín regione umbrae mortis.—. Isai. ix, 2.

§ Et post hebdomadas sexaginta duas occidetnr Christus: et non erit ejus populus qui eum negaturus est. — Dan. ix, 26.

|| Longhammi. Id est: Non populus meus. — Ote. i, 9.

5T Quia vos non populus meus, et ego non ero vester.— Ote. i, 9.

*• Non est mihi voluntas in vobis,... et munus non suscipiam de

97. Esta amenaza terrible que los Judios, sabios en mismos*, jamas creyeron plenamente, se empezó á verificar (no obstante su vana confianza, y sn estulta seguridad) despues de la muerte del Mesías, y se ha verificado con tanta plenitud, que mas de diez y siete siglos ha, que la descendencia del justo Abrahán, ni es pueblo de Dios, ni aun siquiera pueblo: habiendo quedado desde entónces, en un estado tan singular, como lo ha visto y lo ve todo el mundo: y como todo el mundo debiera mirarlo con los mayores sentimientos de religion, si mirase tambien, que todo esto está anunciado en la Escritura, del mismo modo y en la misma forma en que lo ve. Por lo que el mismo» Mesías, anunciando la proxima ruina de Jerusalén, y el castigo inminente del pueblo de Dios, dice que aquellos dias serán ya solo de ira y de venganza, para que se cumplan todas las cosas que están escritas t.

98. Segun esto, tenémos en el asunto de que vamos hablando dos cosas ciertas é indubitables, de que nos da testimonio la divina Escritura: de la una en historia, de la otra en profecía; mas en profecía ya plenamente verificada en presencia de todo el mundo, y con ciencia cierta de todos los que son capaces de saber. La primera en historia es, que la descendencia del justo Abrahán por Isaac, y Jacob, fué por espacio de muchos siglos el pueblo único de Dios, fué la viña de Dios, la heredad de Dios, la iglesia de Dios, la sinagoga de Dios, que todas estas diversas palabras, que usa la misma Escritura, significan una misma cosa. La segunda en profecía, ya plenísimamente verificada, es, que este mismo pueblo de Dios, despues de la muerte del Mesías, ha sido despojado enteramente de su dignidad, como estaba escrito, y como el mismo Mesías lo

manu vestra. Ab ortu enim solis usquc ad occasum, magnum est nomcn meum in gentibus, et in omni loco sacríficatur, et offertur nomini meo oblatio munda. — Atalach. i, 10, et 11.

• Vobis ipeis sapientes.—2 ad Cor. xi, 19.

t Quia dics ultionis hi sunt, ut impleantur omnia, quae scripta slmt, — Luc. xxi, 22.

confirmó diciendo: Mas los hijos del reino serán echados en las tinieblas esteriores*. .

99. Aora, si fuera de estas dos cosas ciertas é indubitables, de que tanto nos ha hablado la divina Escritura, hallásemos en ella misma otra tercera, que todavía no se ha verificado, y esto no oscuramente, sino con la mayor claridad posible, no una ó dos veces, sino innumerables, no eu uno ó dos profetas, sino en casi todos: en este caso, suponiéndolo cierto é innegable, ¿ qué deberíamos hacer? ¿ Nos sería lícito dudar de esta tércera, ó despreciarla ó desfigurarla? ¿ Nos sería lícito hacer en esta tercera, lo que no hacémos, ni nos es posible hacer con la primera, ni con la segunda? ¿ Nos sería lícito pasarla á otros sentidos impropios y violentísimos, y por eso mismo infinitamente ajenos de la veracidad de Dios? Pues, amigo mio, esta tercera se halla en las santas Escrituras, no menos que la primera y la segunda: se halla anunciada con la misma y mayor claridad: se halla, no solo en Daniel, en Oseas y Malaquias, sino en casi todos los Profetas, y en algunos repetidas veces. ¿Cual es esta tercera? Que la misma descendencia del justo Abrahán, por Isaac, y Jacob, la que desde Abrahán hasta Cristo fué pueblo único de Dios, y que desde Cristo hasta el dia de hoy, está privada de este honor, y arrojada en las tinieblas esteriores esta misma descendencia de Abrahán volverá algun dia á ser otra vez pueblo de Dios, infinitamente mayor de lo que fué en otros tiempos; y esto en su misma pátria, de que fué desterrada, y bajo de otro testamento sempiterno, que no puede envejecerse, ni acabarse como el primero. No me pregunteis tan presto, en qué sentido hablo, porque yo no soy capaz de esplicar muchas cosas á un mismo tiempo. El sentido en que hablo, se irá manifestado por sí mismo sin otra diligencia. Si esto tercero así como suena (que bien claro está) os parece duro y dificil de creer, dareis con esto una prueba bien sensible, de que solo creeis

* Filiiautem regni ejicienturin tenebras exteriores.—Mat. viii, 12.

1 ,

á Dios en aquellas cosas que ya veis verificadas con vuestros propios ojos; mas no en aquellas otras que no se han verificado, ni se sabe ni se entiende como podrán verificarse. Y en este caso no debereis estranar, que os apliquemos aquellas palabras de Cristo ya resucitado: Porque me has visto, Tomás has creido: Bienaventurados los que no vieron y creyeron*. Esto tercero es lo que vamos ya á mostrar.

SE CONSIDERA EL CAPITULO XI DE ISAIAS.

PÁRRAFO II.

100. La primera parte de esta profecía hasta el ver. 10, aunque hacia admirablemente al asunto general de esta obra, mas respecto del asunto particular, de que actualmente hablamos, no viene tan al caso. En ella hay tanto que observar, que era necesaria una difusa y casi importuna digresion. Por cuyo motivo nos vemos precisados á omitirla por aora, reservándola para su propio y natural lugar, que debe tener en la tercera parte. No obstante, parece conveniente advertir aquí, como de paso, mas á grandes voces, que no es cierto, ni aun siquiera probable, con verdadera probabilidad, que se hable en esta profecía de la primera venida del Mesías, ni de la Iglesia presente, á donde tiran los intérpretes, segun su sistema, usando para esto, ya de sumo ingenio, ya de suma violencia; sino que habla y manifiestamente de la venida del Señor en gloria y magostad, como es facilísimo, no digo solamente probarlo, sino demostrarlo con suma evidencia, así por el testo mismo, y por todas sus espresiones y palabras, como por todo su contesto, tomado desde el capítulo x, continuado por todo el xi, y seguido hasta el xii. Confieso ingenuamente que dejo este punto con suma repugnancia: no lo dejára tan del todo, si no tuviera esperanza de volverlo á tomar con mas quietud en otra ocasion mas oportuna. Vengamos,

• Quia vidisti me Thoma, credidisti: Beati qui non viderunt, et crediderunt. —Joan, xx, 29

pues, á la observacion de la segunda parte de la misma profecía, que es la que aora se ha de menester.

VERSO XI.

101. Y será en aquel dia: Estenderá el Señor su mano segunda vez para poseer el resto de su pueblo, que quedará de los Assirios, y de Egipto, y de Fetros, y de Etiópia, y de Elám, y de Sennaar, y de Emath, y de las islas del mar. Y alzará bandera á las naciones, y congregará los fugitivos de Israél, y recojerá los dispersos de Judá de las cuatro plagas de la tierra. Y será quitada la emulacion de Efraim, y perecerán los enemigos de Judá: Efraim no envidiará á Judá, y Judá no peleará contra Efraim. Y volarán á los hombros de los Filistéos por mar, ifc.*

102. Os parecerá sin duda á primera vista, que esta profecía que acabais de leer con vuestros ojos no pide interpretacion, bastando leerla para entenderla; y no obstante esta es una de las muchas profecías, que no pueden pasar sin grandes precauciones; no puede salir al público, sin haber entrado en el crisol, y dejado en él todo lo que se tiene por escoria; no sea que se entienda como se lee, y con esto solo se desconcierten, ó se pongan en peligro algunas medidas. Para evitar, pues, este gran peligro, debe interpretarse la profecía, diciendo resueltamente, que aunque en sentido literal anuncia la salida de Babilonia, y en este sentido se verificó entónces, si no en todo, á lo menos en parte; mas en otro sentido mas alto t

* Et erít in die illa: Adjiciet Dominus secundó manum suam ad possidendum residuum populi sui, quod relinquetur ab Assyriis, et ab /Egypto, et á Phetros, et ab ¿Etiopia, et ab /Elam, et á Sennaar, et ab Ematb, et ab insulis maris. Et levabit signum in nationes, et congregabit profugos Israel, et dispersos .luda colliget a quatuor plagis terrae. Et auferetur zelus Ephraim, et hostes Juda peribunt: Ephraim non aemulabitur Judam, et Judas non pugnabit contra Ephraim. Et volabunt in humeros Philisthiim por mare, &c.—hai. xi. 11, 12, 13, 14.

t In sensu altiori.

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