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arrancaré de su tierra que les di*...Segundo: los considera como restituidos con sumo honor, y con grandes ventajas á la dignidad de pueblo de Dios, aunque ya debajo de otro testamento sempiterno. He aquí que yo... los volveré a este lugar, y haré que habiten confiadamente en él. Y serán mi pueblo, y yo seré su Dios... Y haré con ellos un pacto eternof...Tercero: los considera como una esposa de Dios, tan amada en otros tiempos, cuya desolacion, cuyo trabajo, cuya afliccion y cuyo llanto mueven en fin el corazon del esposo, el cual desenojado y aplacado, la llama á su antigua dignidad, la recibe con sumo agrado, se olvida de todo lo pasado, la restituye todos sus honores, y abriendo sus tesoros la colma de nuevos y mayores dones, la viste de nuevas galas, la adorna con nuevas é inestimables joyas, mas preciosas, sin comparacion, que las que había perdido J. Cuarto en fin: los considera come resucitados, como que aquellos huesos secos y áridos, esparcidos por toda la tierra, se vuelven á unir entre si por virtud divina, cada uno á su coyuntura^: se cubren otra vez de carne, de nervios y de piel, y se les introduce de nuevo aquel espíritu de vida, de que tantos siglos han estado privados. Estos tres estados de los judios, corresponden perfectamente á los tres estados de la vida del santo Job, la cual pedemos decir ó mirar, como una figura, 6 como una historia en cifra de las mudanzas principales del pueblo de Dios.

7. Sobre los dos primeros estados, nada tenemos que observar de nuevo. Los doctores los tienen observados con bastante prolijidad. Como en ello no hay interes alguno

* Et plantabo eos, ct non evellam. — Jerem. xxiv, 6. Et plantabo eos super humum suam: et non evellam eos ultra de terra sua quam dedi eis.— Amot ix, 15.

f Eccc ego... reducam eos ad locum istum, et habitare eos faciam confidenter. Et erunt mihi in populum, et ego ero eis in Deum... Et feriam eis pactum sempiternum, &c.—Jerem. xxxii, 37, 38, 40.

X Isai. xl, xlix; Oseas ii, 18; Miq. vii.

§ Unumquodque ad juncturam suam.—Ezeq. xxxvii, 7.

que se ponga por medio, tampoco hay dificultad alguna en tomar en su propio y natural sentido todas aquellas Escrituras que hablan de ellos, ó en historia, ó en profecía. Mas el tercer estado no es así. Este no puede gozar del mismo privilegio, ó del mismo derecho. Las Escrituras que hablan de él, aunque sean igualmente mas claras y espresivas que las que hablan del primero y segundo estado, no por eso se deben ni pueden entender del mismo modo, y en el mismo sentido propio y natural. ¿Por qué razon? Porque se oponen, porque repugnan, porque perjudican, porque destruyen, porque aniquilan el vulgar sistema. En suma, la razon verdadera no se produce, porque no es necesario: son cosas estas que se deben suponer, y no probar. La observacion, pues, exacta y fiel de este tercer estado de los judios en los cuatro aspectos arriba dichos, en que los considera la divina Escritura, es lo que aora llama toda nuestra atencion. El punto es ciertamente gravísimo, y puede ser de suma utilidad, no menos para los pobres é infelices judios, que para el verdadero y sólido bien de muchos cristianos que quisieren entrar dentro de sí, y dar lugar á sérias reflexiones.

8. No estrañeis, señor, si en este punto, como en causa tan propia, me esplico con alguna mas libertad; ni os admireis, si acaso me propaso en alguna palabra menos civil: mirad por aora, no tanto á los accidentes, cuanto á la sustancia, que es lo que pricipalmente debe mirar un hombre racional. Soy cristiano, es verdad, y reconozco con el mayor agradecimiento de que soy capaz, este sumo beneficio que he recibido de la bondad de Dios; mas no por eso dejo de ser judio, ni me avergiienzo de serlo. Como cristiano soy deudor á los cristianos de cualquiera tribu, ó pueblo, ó gente, ó nacion que estos sean: mas como cristiano judio, soy tambien deudor con particular obligacion á aquellos infelices hombres, que son mis deudos segun la carne, que son los israelitas, de los cuales es la adopcion de los hijos, y la gloria, y la alianza, y la legislacion, y el culto, y las promesas: cuyos padres son los mismos, de quienes desciende tambien Cristo segun la carne*...

9. Si las cosas que voy á decir, despues de bien examinadas con toda aquella entereza, rectitud y justicia que pide un asunto tan sério, no se hallaren plenamente conformes a las santas Escrituras (regla única en cosas todavia futuras) en este caso, será justa y bien merecida la sentencia que se diere contra mí. En este caso, yo mismo, despues de convencido, pediré esta justa sentencia, y yo mismo seré el ejecutor. Así como sé y confieso con verdad, que puedo errar en mucho ó en poco, en todo ó en parte, así tambien sé, con igual ó mayor certidumbre, que estoy muy lejos de querer perseverar un momento en el error, despues de conocido: dándome testimonio mi conciencia en el Espíritu santof...

DISCURSO PREVIO.

El estado futuro de los judios segun se halla ordinariamente en los doctores cristianos.

10. En este punto particular de que hablan tanto las Escrituras, parece que ha sucedido á varios doctores cristianos, lo mismo que sucedió antiguamente á nuestros rabinos, 6 doctores hebreos. Quiero decir: que hablan de la vocacion futura de los judios, con la misma frialdad é indiferencia con que estos hablan de la vocacion -de las gentes, no obstante que se quejan de ellos, y los reprenden con razon de esta falta tan considerable.

11. Los doctores hebreos en la leccion de sus escritu

* Qui eunt cognati mei secundum carnem: Qui sunt Israelita', quorum adoptio est ñliorum, et gloria, et testamentum, et legislatio, et obsequium, et promissa: Quorum patres, et ex quibus est Christus, secundam carnem, &c. —Ad Rom. ix, 3, 4,5.

f Testimonium mihi perhibente conscientift meft in Spiritu sancto. — Ad Rom. ix, I.

ras debían encontrar no pocas veces (y no despreciar ni disimular), lo que en ellas se dice y anuncia en contra del mismo pueblo hebreo, y en favor de las gentes. Debian encontrar y no disimular el rigor y severidad estrema con que estaba amenazado el mismo pueblo de Dios, el mismo pueblo santo. Debian contrar y reparar en ello con un santo y religioso temor, que este mismo pueblo santo, no obstante que vivia y se sustentaba con la fe y esperanza del Mesías, habia de ser cuando este viniese al mundo, su mayor y mas cruel enemigo: que lo habia de reprobar, que lo habia de perseguir, y lo habia de hacer morir en la ignominia y tormento de la cruz. Debian encontrar y reparar en ello con temor y temblor, que por este sumo delito, el pueblo único de Dios habia de dejar de serlo: habia de ser esparcido ácia todos los vientos, para que fuese en todas partes el desprecio, el ódio y la fábula de todas las naciones: entrando en su lugar otro pueblo de Dios, llamado y recojido de entre las mismas naciones que se pensaban reprobadas. Debian en suma, encontrar y no disimular, que la verdadera esposa de Dios habia de ser arrojada de casa del esposo, con suma ignominia y con suma razon, llevando consigo no otra cosa que el peso enorme de sus iniquidades: entrando en su lugar otra nueva que se habia de llevar todas las atenciones, y todos los cariños del esposo.

12. Estas cosas y otras semejantes, era necessario é inevitable que encontrasen nuestros doctores en la leccion de sus Escrituras, especialmente en los Profetas y en los Salmos; mas todas estas cosas que encontraban, eran para ellos, y lo son hasta aora, como las palabras de un libro sellado*; como lo que está escrito dentro de un libro (prosigue el Profeta) puesto en manos de quien sabe leer: se le dirá: Lee aquí; y responderá: No puedo, porque está sellado f.

* Sicut verba libri signati.— hai. xxix, 11. t Lege istum : et respondebit: Non possum, signatum est enim — hai- xxix, 11.

Y puesto en manos de quien no sabe leer, se le dirá: Leelo; y responderá: No leer*.

13. No negaban absolutamente nuestros rabinos, que las gentes habian de ser tambien llamadas, y entrar en parte de la justicia, santidad y felicidad del reino del Mesías. Esto hubiera sido demasiado negar, tanto, como negar la luz del medio dia: mas esta vocacion de las gentes, segun todos ellos, debia ser sin perjuicio alguno de ellos mismos, antes con mayor honra, y ensalzamiento suyo. Esta satisfaccion de sí mismos, esta confianza desmedida, era puntualmente la que les hacia inintelijibles sus escrituras: la que les hacia increible lo mismo que leian por sus ojos, pareciéndoles que el solo dudarlo seria una impiedad, ó una especie de sacrilegio. Con todo eso, los anuncios de los Profetas de Dios, al paso que frecuentes, eran clarísimos, y por eso innegables: los anuncios, digo, tristes y amargos, de rigor, de severidad, de ira, de indignacion, de furor, de olvido, de abandono; y todo esto general á todo el pueblo de Dios, á todo el pueblo santo. ¿ Qué se hace, pues, con estos anuncios? Creerlos y confesarlos, así como se hallan en los Profetas, no se puede. ¿ Por qué no se puede? Porque no son á favor del pueblo santo: porque son contrarios al pueblo de Dios: porque son en perjuicio y deshonor del pueblo santo: porque Dios no puede arrojar de sí á su único pueblo, que tiene sobre la tierra, ó á su esposa verdadera y única, pues no puede quedar sin pueblo, sin esposa, sin iglesia, &c.

14. En medio de estas falsas ideas, no quedaba otro partido que tomar, sino el que se tomó, en realidad propísimo y eficacísimo, para que las profecías se verificasen a la letra sin faltarles un ápice. ¿ Qué partido fué este '. No fué otro que embrollar las unas y endulzar las otras; interpretándolas todas del modo posible, siempre á favor: dar por cumplidas las unas en tiempo de Nabncodonosor,

X Lege: et rcspondcbit: Nescio litteras. — hai. xxix, 12.

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