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ooocordar con lo que dijimos en otra parte, hablando de la bestia de dos cuernos (fenómeno iii, párrafo ix). Es verdad que así la calda de estas estrellas, como todos los otros misterios que contiene esta profecía, la ponen estos doctores en los tiempos mismos del Anticristo; pues dicen, que el príncipe S. Miguel bajará del cielo, y peleará con el dragon, para defender á la Iglesia de la persecucion del Anticristo; y en otra parte sobre el cap. xii del mismo Apocalipsis, dicen, que bajará á matar al Anticristo, y destruir su imperio universal: mas si se quiere atender al testo sagrado, y á todo su contesto, como debe atenderse, parece claro que en los tiempos de que se habla en todo este capítulo xii, el Anticristo todavia no ha renido al mundo, ó no se ha revelado públicamente, aunque se espera por momentos. Es necesario que la muger de primero á luz lo que tiene dentro de sí, y despues huya á la soledad, y se ponga en salvo, porque así conviene para los designios de Dios, como verémos despues.

41. Armado, pues, el dragon con todas las armas, esto es, con los Judios no sellados, con la potencia terrible de las siete bestias; aunque todavia no unidas perfectamente en un solo cuerpo, y armado tambien con tantas estrellas que con su cola ha traído del cielo, y arrojado á la tierra, se presentará delante de la muger que está para parir*, ó para impedir el parto, si esto fuese posible, ó á lo menos para devorarlo luego que suceda f: es decir, para hacerlo inutil é infructuoso: para impedir que tenga aquellas terribles consecuencias que con tanta razon sospecha y teme: para hacer que sea desde el vientre trasladado al sepulcro%: para dejar, en fin, á la triste muger en mayor soledad y de

virorum illorum Principum Ecclesiae, non modo politicorum, sed et ecclesiasticorum Doctorum, et religiosorum, qui instar stellarum in orbe alus praelucent, et prsecellunt. — Div. Hyeron. in c. xii, v. 4, Apoc.

* Et draco stetit ante mulierem, quse erat paritura. — Apoc. xii, 4.

t Ut cum peperisset, filium ejus devoraret.—Id. ib.

X Útero translatus ad tumulnm. — Job. x, 19.

samparo, y en miseria mas irremediable, aun despues de un parto tan deseado, y tan esperado: para tragarte al hijo, luego que ella le hubiese parido. Mas todo esto ¿qué quiere decir en realidad? ¿ Qué misterio particular se en . cierra en esta similitud? Seguid la metáfora, y no tendreis gran dificultad de comprender este misterio.

42. Primeramente: se debe suponer, y se colije bien claramente del mismo testo, que el dragon, ó no ha sabido, porque Dios se lo ha ocultado, como le oculta infinitas cosas, ó ño ha podido impedir que la muger conciba dentro de sí á Cristo, y que Cristo se forme en ella: la fe es por el oído*: en lo cual ha trabajado, ó Elias solo; pues es este su propio ministerio a que está destinado, ó junto con Elias algunos otros operarios elejidos de Dios de entre las gentes cristianas (lo que parece no poco verosímil, así como los Judios Cristianos trabajaron al principio en la conversion de las gentes). Lo segundo: se debe suponer, que en aquel tiempo y circunstancias, en que el dragon que tenia siete cabezas, y diez cuernos, y tambien la tercera parte de las estrellas del cielo, se presenta con estas armas terribles delante de la muger, tampoco puede impedir su parto metafórico: esto es, que la muger confiese públicamente su fe, y se declare públicamente por Cristo Jesus; pues este parto en aquel tiempo ya insta, ya se espera por momentos, ya va á suceder. Pues en esta constitucion tan crítica, en este conflicto, en esta urgencia, ¿qué remedio? No hay otro que devorar el parto mismo: es decir, trabajar con todo el empeño posible, ya con amenazas, ya con seduccion, ya con la fuerza abierta, en que la muger se arrepienta de lo hecho: que desconozca, como si no fuese suyo, el fruto de su vientre, que acaba de dar á luz entre tantos dolores: que lo sacrifique á la pública tranquilidad: que lo niegue: que lo repruebe: que lo olvide: que rompa ó desate aquella cuerda intolerable con que lo ha ligado, recibiendo en recompensa el espíritu de plena libertad: esto

* Fides ex auditu. — Ad Rom. x, 17.

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es, el espíritu dulce y humano que divide á Jesus, de que en aquellos tiempos estará llena casi toda la tierra. Para esto son sin duda aquellos egércitos, y aquellas armas terribles de que el dragon aparece vestido como que tiene ó tendrá entónces á su disposicion siete cabezas y diez cuernos*, en que se simboliza la fuerza y la violencia, y por otra parte innumerables estrellas, que ha arrancado del cielo con su cola, simbolo propio del engaño, y de la seduccion. Esto es todo lo que puedo comprender ó sospechar en aquella admirable similitud: y el dragon separó delante de la muger... ¿ifin de tragarse al hijo, luego que ella le hubiese parido. No creo que el dragon sea tan insensato, que pueda imaginarse capaz de devorar realmente el hijo mismo de que se habla.

ARTICULO III.

VERSICULO V.

Y parió un hijo varon, que habia de regir todas las gentes con vara de hierro: y su hijo fué arrebatado para Dios, y para su trono +.

43. No obstante la vista del dragon, no obstante las legiones que tiene á su disposicion, y que aparecen junto con él, no obstante los dolores y angustias, asi esternas como internas que por todas partes le cercan y la aflijen de todos modos, la muger da, en fin, á luz lo que encerraba dentro de sí: pare felizmente un hijo másculo, destinado á regir todas las gentes con vara de hierro, el cual luego que nace, es arrebatado á Dios, y presentado delante de su trono.

44. Dos puntos principales tenémos aquí que considerar. Primero: quién es este hijo másculo, que da á luz

* Habens capita septem, et cornua decem. — Apoc. xii, 3.

t Et peperit filium masculum, qui recturus erat omnea gentes in virga ferrae: et raptus est filius ejus ad Deum, et ad thronum ejus.— ylpoc. xii, 5.

TOMO II. V

esta muger entre tantas angustias y dolores. Segundo: qué misterio es este de presentarse este hijo, luego que nace, al trono de Dios. Estos dos puntos, mucho mas que todos los otros, han sido como dos murallas altísimas é inaccesibles, que han cerrado el paso á todos los intérpretes del Apocalipsis. Digo á todos, no solamente, porque no tengo noticia de alguno, sino porque en el sistema ordinario me parece imposible que haya alguno que reconozca en este hijo músculo al mismo Jesucristo; no obstante de no haber otra persona ni en el cielo ui en la tierra, á quien pueda competer el distintivo, de regir todas las gentes con vara de hierro. Estas palabras son tomadas del salmo ii, y se repiten otras veces en el mismo Apocalipsis, y ciertamente son inacomodables á otra persona. Del mismo modo parece imposible esplicar con alguna propiedad lo que significa en el testo ser arrebatado este hijo, luego que nace, al trono de Dios. Mas en el sistema que seguimos, ambas cosas parecen tan claras, que basta solo proponerlas, para comprender al punto, que todo debe suceder así, segun las Escrituras, y esto sin usar de violencia, ni de discurso artificial.

45. No olvideis, señor, aquella verdad indubitable que dejamos propuesta en el parrafo iv: que aquí no se habla ni puede hablarse de madre natural ni de parto material. La muger que pare con tantos dolores, y el parto mismo, son conocidamente una metáfora ó una semejanza; mas esta semejanza no impide, antes supone, que así la madre pomo el hijo, deben ser alguna cosa fisica y real, á quienes competen propísimaraente estas semejanzas. Esto supuesto, decimos: lo primero: que aunque el parto de esta muger es tan metafórico como ella misma; mas el hijo que nace, por semejanza, que habia de regir todas las gentes con vara de hierro, no puede ser otro que el mismo Mesías Jesucristo, Hijo de Dios, é Hijo de la Virgen; no cierto concebido, y nacido, entónces material y fisicamente; sino concebido y nacido espiritualraente por la fe, y nacido del mismo modo, por una pública confesion de la misma fe: concebido, digo, y nacido espiritualmente de aquella misma madre, que muchos siglos antes lo había concebido y parido solo materialmente, y que por una suma ceguedad, efecto propio de su actual iniquidad, no habia hecho la debida distincion entre este hijo de la promision, y los otros hijos, segun la carne: no habia conocido su valor y precio infinito; antes lo habia confundido con la ínfima plebe, y reputado como uno de los mas inicuos de su familia, segun estaba anunciado en Isaías: y con los malvados fué contado*. En suma, lo habia concebido y parido: lo habia visto y oído: lo habia visto crecer dentro de su casa, en sabiduría, y en gracia delante de Dios y de los hombres f: lo habia contemplado y admirado sus obras prodigiosas; mas sin aquella fe que justifica al impio %, y que es el principio de todos los bienes: sin aquella fe de que aquel hijo suyo que tenia delante, y que en todas sus obras y palabras manifestaba evidentemente lo que era, segun las Escrituras, era realmente el Mesías mismo, tan deseado y suspirado por todo el cuerpo de la nacion. La misma iniquidad, que tanto abundaba en aquellos tiempos en la misma nacion, máximamente en el sacerdocio, fué la que cerró los ojos y los oídos, para que no viesen ni oyesen, lo mismo que veían y oían, segun estaba anunciado en sus mismas Escrituras §; lo cual les acordó el Mesías mismo cuando dijo, citando este lugar de Isaías: se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oido oireis, y no entendereis; y viendo vereis, y no vereis ||.

46. Este parece que es, segun todas las contraseñas, aquel prodigio grande é inaudito, de que habla el mismo

• Et cum sceleratia reputatus est. — Itai. liii, 12.

t Sapientia, et aetate, et gratiá apud Deum et homines — £iuc. ii, 52.

X Qu« justificat impium. — Fide ep. ad Rom. iv, 5.

§ Isai. vi, 10.

[| Et adimpletur ¡n eis prophetia Isai'ae dicentis: Auditu audietis, et non intelligetis; et videntes videbitis, et non videbitis — Mat. jnii, 14.

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