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la sangre del Cordero, y por la palabra de su testimonio, y no amaron sus vidas hasta la muerte. Por lo cual regocijaos, cielos, y los que morais en ellos. ¡ Ay! de la tierra, y de la mar, porque descendió el diablo á vosotros con grande ira, sabiendo que tiene poco tiempo. Y cuando el dragon vió que habia sido derribado en tierra, persiguió á la muger que parió el hijo varon: Y fueron dadas á la muger dos alas de grande águila, para que volase al desierto á su lugar, en donde es guardada por un tiempo, y dos tiempos, y la mitad de un tiempo, de la presencia de la serpiente. Y la serpiente lanzó de su boca en pos de la muger, agua como un rio, con el fin de que fuese arrebatada de la corriente. Mas la tierra ayudó á la muger: y abrió la tierra su boca, y sorbió el rio, que habia lanzado el dragon de su boca. Y se airó el dragon contra la muger: y se fué á hacer guerra contra los otros de su linage, que guardan los mandamientos de Dios, y tienen el testimonio de Jesucristo. Y se paró sobre la arena de la mar*.

• Et signum magnum apparuit in coelo: mulier amicta sole, et lana sub pedibus ejus, et in capite ejus corona stellarum duodecim: Et in utero habens, clamabat parturiens, et cruciabatur ut pariat. Et visum est aliud signum in coelo: et ecce draco magnus rufus habens capita septem, et cornua decem: et in capitibus ejus diade mata septem: Et cauda ejus trabebat tertiam partem stellarum eoeli, et misit eas in terram: et draco stetit ante mulierem, quae erat puntura: ut cüm peperisset, filium ejus devoraiet. Et peperit filium maseulum, qui recturus erat omnes gentes in virga ferrea: et raptus est filius ejus ad Deum, et ad thronum ejus: Et mulier fugit in solitudinem, ubi habebat locum paratum á Deo, ut ihi pascant eam diebus mille ducentis sexaginta. Et factum est praelium magnum in coelo: Michaéí, et angelí ejus praeliabantur cum dracone, et draco pugnabat, et angeli ejus: et non valuerunt, neque locus inventas est eorum amplias in coelo. Et projectus est draco ille magnus, serpens antiquus, qui vocatur diabolus, et Satanas, qui seducit univeraum orbem: et projectus est in terram, et angeli ejus cum illo missi sunt. Et audivi vocem magnam in coelo dicentem: Nunc facta est salud, et virtus, et regnum Dei nostri, et pot estas Christi ejus: quia projectus est aecusator fratrum nostrorum, qui aecusabat illo*

TOMO II. V

LO QUE SOBRE ESTO SE HALLA EN LOS DOCTORES.

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PÁRRAFO I.

2. Para poder observar este gran fenómeno con toda exactitud y con conocimiento de causa, seria muy conducente saber primero, y tener como á la vista las varias inteligencias ó esplicaciones, que basta aora se le han dado, mirándolas todas con la atencion y formalidad que cada una pide. Seria del mismo modo conducente, si esto fuese posible, entender bien lo que en realidad nos quieren decir, combinando unas con otras, y todas con el testo sagrado, de modo que resultase de esta combinacion algun todo creible, ó verosímil, y perceptible.

3. Todo lo que sobre estos misterios se halla en los doctores, se reduce á tres opiniones ó tres modos de discurrir, ó á tres sendas diversas, por donde se han dado algunos pasos, aunque no muchos. La primera, frecuentísima en toda clase de escriturars eclesiásticas, especialmente panegiristas, dice ó supone, que la muger vestida del sol, &c. de que aquí se habla, es la santísima Virgen María Madre de Cristo. En esta suposicion que ninguno ha

ante conspectum Dei nostri die ac nocte. Et ipsi vicerunt eum propter saniruinem Agni, et propter verbum testimonii sui, et non dilexerunt animas suas usque ad mortem. Fropterea laetamini coeli, et qui habitatis in eis. Vae terra, et mari, quia descendit diabolus ad Tos, habens iram magnam, sciens quód modicum tempus habet. Et pos quiun vidit draco, quod projectus esset in terram, persequtus est mulierem, quae peperit masculum: et datae sunt mulieri alae duae aquilie magnae, ut volaret in desertum in locum suurn, ubi alitur per tempus, et tempora, et dimidium temporis, a facie serpentis. Et misit serpens ex ore suo post mulierem aquam tamquam flumea, ut eam faceret trahi á flumine. Et adjuvit terra mulierem: et aperuit terra os suum, et absorbuit numen, quod misit draco de ore suo. Et iratus est draco in mulierem: et abiit facere praelium cum reliquis de semine ejus, qui custodiunt mandala Dei, et habent testimonium Jesu Christi. Et stetit supra arenam maris. — Apoc xii, ab 1 tuque pensado probar, no hay aqní hacer otra cosa, sino acomodar devota é ingeniosamete á nuestra Señora tres ó cuatro palabras de esta profecía, de aquellas que tienen algun lustre, y muestran alguna apariencia; olvidando todo lo demás, como que no hace á su propósito. Esta especie de inteligencia no ha menester otro exámen que un principio de reflexion. Cualquiera hombre sensato conoce bien, y se hace cargo, que semejantes acomodaciones han sido en tantos tiempos no solo permitidas, sino aplaudidas en los discursos panegíricos; los cuales, aunque devotos y pios, siempre necesitan de algun poco de brillo. En suma: no perdámos tiempo inútilmente. Los misterios de este capítulo xii del Apocalipsis hablan tanto de la santísima Virgen María, como hablan los libros sapienciales, ó lo que en ellos se dice de la sabiduría. Es verdad que la Iglesia, en las festividades de la Madre de Cristo, lee algunos lugares de estos libros sagrados; mas su intencion no es, ni lo puede ser, el persuadirnos ó insinuarnos, que aquellos lugares que lee, hablen realmente de nuestra Señora, ni que este sea su verdadero sentido.

, 4. Vengamos, pues, á la esplicacion de los doctores, no panegiristas, sino literales, que son los que buscan el verdadero sentido de las santas Escrituras. Estos, segun su sistema general, son de parecer, que la muger misteriosa, de que habla S. Juan, no puede ser otra que la Iglesia de Cristo. Aunque en esta proposicion general convienen todos; mas en lo particular se dividen en dos opiniones. La primera, sostiene, que los misterios contenidos en esta profecía, son unos misterios ya pasados, que tuvieron su pleno cumplimiento quince siglos ha. La segunda comunísima afirma todo lo contrario. La primera dice, que la profecía ya se cumplió en toda la Iglesia cristiana, en los tiempos terribles de la persecucion de Diocleciano. La segunda dice, que se cumplirá toda en otros tiempos todavia futuros, y mucho mas terribles, cuales deben ser los de la tribulacion del Anticristo. La primera de estas dos opiniones, aunque propuesta y defendida por autores modernos, graves, pios

y doctísimos, no por eso la creemos digna de especial aten-
cion, sino, cuando mas, digna de alguna especial admira-
cion, de ver, que unos hombres tan grandes hayan produ-
cido en este asunto particular unos frutos tan pequeños.
Mas esta misma admiracion, lejos de hacernos perder un
punto de la estimacion y respeto, debido por tantos títulos
á estos grandes sábios, nos conduce por el contrario á esti-
marlos mas; teniendo por cierto, que no entraron en esta
idea, sino despues que ya no pudieron tolerar la esplicacion
verdaderamente ininteligible de los otros autores literales.
Esta sola reflexion hace toda su apología. Nos queda, pues,
el exámen un poco mas prolijo de la principal opinion, que
corre, casi como única entre los que buscan la verdad en el
sentido literal.

ESPLICACION DE LA PROFECIA SEGUN LOS AUTORES LI-
TERALES.

PÁRRAFO II.

5. La Iglesia cristiana presente, cuando lleguen los tiempos críticos y terribles de la persecucion del Anticristo, nos dicen los autores literales, es todo el misterio, ó misterios que contiene el capítulo xii del Apocalipsis. Represéntase la Iglesia en aquellos tiempos como una señal ó prodigio grande, bajo la semejanza de una muger vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y coronada de doce estrellas. Por estas figuras tan magníficas, lo que se nos dice es, que Jesucristo, sol de justicia, segun sus promesas infalibles, vestirá entónces á su Iglesia y la iluminará con sus resplandores, del mismo modo que la ha vestido é iluminado hasta la presente; pues él mismo dijo antes de partirse: mirad que yo estoy con vosotros todos los dias hasta la consumacion del siglo*. Por consiguiente, digo yo, el vestido del sol no se debe mirar como una gala nueva y estraordinaria, que se dará á la Iglesia en los tiempos del

* Ecce ego vobiscum sum omnibus diebus usque ad consummationem saeruli. — Afat. xxviii, 20.

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Anticristo, sino como su vestido ordinario, propio y natural. La corona de doce estrellas es símbolo de los doce apóstoles, que son sus maestros y doctores. La luna bajo sus pies, quiere decir, que la Iglesia despreciará entónces con un soberano desprecio todas las cosas corruptibles y mudables, ó toda la gloria vana del mundo, simbolizada por la luna. Tal vez se hablára con mayor propiedad, si se dijese, que la Iglesia en aquellos tiempos deberá despreciar todas estas cosas, como lo debe aora segun su vocacion y profesion. Permitiendo no obstante todo esto (pues los evangelios y otras Escrituras nos anuncian todo lo contrario) la acomodacion hasta aquí es de algun modo tolerable, si aquí mismo se concluye toda la profecía con todos sus misterios; mas el trabajo es, que aora solo empieza.

6. Esta muger (prosigue el testo sagrado) estaba preñada, y como ya se acercaba la hora del parto, padecía grandes congojas, angustias y dolores, que se manifiestan bien en las voces y clamores que daba*. ¿ Qué quiere decir esto? Lo que quiere decir, segun la esplicacion, es, que la Iglesia cristiana, la cual en los tiempos de paz pare sus hijos sin dolor, sin incomodidad, sin embarazo, los parirá con gran dificultad en los tiempos borrascosos y terribles del Anticristo... Si se muda la palabra Anticristo en la palabra Diocleciano, y al futuro se añade pretérito, esto mismo es lo que añade la primera opinion, y tal vez con menor violencia. Pasemos adelante. Fué vista otra señal en el cielo: y he aquí un grande dragon. Estando la muger en estas angustias, apareció por otra parte el cielo otra señal, no menos digna de admiracion: es á saber, un dragon de color rojo con siete cabezas y diez cuernos, cuya cola traía la tercera parte de las estrellas del cielo, arrojándolas á la tierra; lo cual ejecutado, el dragon se puso luego delante de la muger, esperando la hora del parto para devorar el fruto de su vientre. Lo que esto significa, es, que el dragon infernal, ó Satanás con siete cabezas y diez

* Et in utero habens, clamabat parturiens, et cruciabatur ut pari»t. —Apoc. xii, 2.

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