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344. El modo ordinario de discurrir es este en sustancia, y sobre él no faltan algunas reglas generales. Las profecías, dicen, y con gran razon, son verdaderas y de fe divina: Dios es quien habla en ellas, y no el hombre: estas profecías no se han verificado plenamente segun la letra, como es claro y por conocido, y consta de la Escritura; luego... (repárese con cuidado en esta consecuencia) luego es preciso decir, que en ellas se encierra algun gran misterio, mucho mayor que la salida material de Babilonia de los Caldeos: el cual misterio no puede ser otro, que la liberacion por Cristo de la verdadera cautividad de Babilonia; esto es, del pecado y del demonio. Por cousiguiente, todo lo que anuncian las profecías, tocante á la justicia, á la santidad, á la paz, á la felicidad estable y permanente de los que vuelven de su destierro, y son restablecidos de nuevo en la tierra prometida á sus padres &c., se debe entender de los hijos de la Iglesia presente, que son el verdadero Israél de Dios: la cual justicia, santidad, paz, justificacion y felicidad, empiezan en la tierra, y se consuman y perfeccionan enteramente en el cielo. Esta consecuencia, ó este modo de discurrir, como si fuese justísimo en todas sus partes, es de gran uso para desembarazarse sin oposicion alguna, antes con sumo honor, de toda suerte de dificultades.

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SE PROPONE OTRA CONSECUENCIA.

PARRAFO II.

345. Así como yo no repruebo absolutamente el sentido alegórico, anagógico, &c., así tampoco puedo reprobar absolutamente la consecuencia que acabamos de oir: antes por el contrario, mirada por cierto aspecto, me parece buena y propísima para la utilidad y edificacion. A todos los creyentes nos importa saber y no olvidar que fuimos redimidos y librados por Cristo, del poder de las tinieblas: que este mundo es un verdadero destierro: que nuestra patria es el cielo: que la justicia, y santidad, y paz, y gozo en el Espíritu Santo, empiezan aquí, y allá se perfeccionan: que todos los fieles cristianos, de cualquiera nacion que sean, son el verdadero Israél de Dios. No obstante estas verdades, que yo creo y confieso con todos los fieles cristianos, propongo á la consideracion y juicio de los sábios otra consecuencia sacada de las mismas premisas que supongo ciertas y evidentes, y pido que se compare esta segunda consecuencia con la primera, en sencillez y verdad. Discurro, pues, así: las profecías de que hablámos son ciertas y seguras; pues en ellas no habla el hombre sino Dios mismo: estas profecías no se han cumplido hasta aora plenamente segun la letra; luego debe llegar tiempo en que todas se cumplan plenamente segun la letra. Digo segun la letra plenamente, para comprender, así las cosas mismas que anuncian, como las personas de quienes hablan espresa y nominadamente.

346. Mas claro: las profecías hablan espresa y nominadamente de los Judios en general, ó de todas las tribus de Israél sin escluir á ninguna, para cuando vuelvan de su cautividad y destierro, y sean introducidas y planteadas de nuevo en la tierra prometida á sus padres. Aora, pues: es cierto y evidente, que los Judios desterrados á Babilonia, y cautivos en Babilonia, volvieron muchos dias ha de su cautividad y destierro: es cierto y evidente, que entónces edificaron de nuevo su templo y su ciudad de Jerusalén: es cierto y evidente, que entónces se establecieron de nuevo en aquella tierra, de donde habian sido desterrados: por otra parte, tambien es cierto y evidente (por confesion forzosa é innegable de todos los intérpretes) que las profecías innumerables, que hablan de la vuelta de la cautividad y destierro de los hijos de Israél, uo se han verificado ni de ciento una, no se han verificado plenamente segun la letra: no se han verificado, ni en lo que anuncian clara y distintamente, ni en las personas de quienes hablan espresa y nominadamente, &c. Luego... Luego... (ved ya la consecuencia que ofrezco á vuestra consideracion) Luego la cautividad y destierro de los hijos de Israél, de que hablan las profecías, no puede ser la cautividad y destierro de Babilonia, a que fueron llevados por Nabucodonosór.

347. De aquí se sigue otra consecuencia, ó por mejor decir una cadena de consecuencias. Luego la cautividad y destierro de que hablan las profecías no se ha concluido hasta el tiempo presente, pues si se hubiese ya concluido, ya se hubieran verificado las profecías: luego los hijos de Israél no han vuelto hasta aora de la cautividad y destierro de que hablan las profecías: luego deberémos esperar otro tiempo, en que los hijos de Israél vuelvan de su cautividad y destierro, y en que por consiguiente se verifiquen en ellos las profecías: luego el descanso, el sabatismo, la independencia de toda potestad y dominacion de la tierra, la justicia, la santidad, la paz, la felicidad estable y permanente bajo un solo rey, á quien se da el nombre de David, anunciado todo clara y distintamente á los hijos dispersos de Jacob, para cuando vuelvan de su dispersion, de su cautividad, de su destierro, se verificará en ellos plenamente, cuando se verifique esta vuelta, la cual está anunciada del mismo modo que todo lo demas.

348. En efecto: esta última consecuencia no solo se infiere de aquellas premisas, sino que se lee espresamente en el capítulo xii de Daniel, ver. 7: cuando fuere cumplida la dispersion de la congregacion del pueblo sanio, serán cumplidas lodos estas cosas *. Despues que el ángel que vestido de ropas de lino + reveló á este Profeta muchos y grandes misterios contenidos en todo el largo capítulo antecedente, en especial lo que debia suceder al pueblo de Israél en los últimos tiempos; pues á esto solo le dice que viene determinadamente: he venido á mostrarte las cosas que kan de acontecer á tu pueblo en los últimos dias;

* Cüm completa fucrit dispcrsio manús populi sancti, complebuntur universa haec. — Dan. xii, 7t Qui indutus erat 1 i neis, — Id. ib.

TOMO II. R

porque la vision es aun para dios*: despues de todo esto, preguntando el mismo Profeta: ¿ cuando se cumplirán estas maravillas t í ie respondió al punto levantando las manos al cielo, y jurando por el que siempre vive diciendo, que en tiempo, y tiempos, y mitad de tiempo%. Y concluye inmediatamente su respuesta, ó la esplica y aclara diciendo: que todas aquellas cosas de que acaba de hablar, tendrán su perfecto cumplimiento cuando se complete ó concluya enteramente la dispersion del pueblo santo hecha por la mano de Dios §. Estas palabras combinadas con aquellas otras del capitulo x: he venido á mostrarte las cosas que han de acontecer á tu pueblo en los últimos dias, porque la vision es aun para dias, parecen la verdadera llave de todos los misterios del capítulo xi y xii de este Profeta, los cuales misterios se verificarán y entenderán perfectamente, cuando se acaben los trabajos de los hijos de Israél, y cuando tenga fin su destierro, su dispersion y cautiverio. De un modo semejante podémos discurrir en lo que toca á las amenazas terribles que se leen en las santas Escrituras contra Babilonia, como verémos mas adelante.

SUMARIO DE LA HISTORIA DE LOS HIJOS DE ISRAEL, DESDE EL PRINCIPIO DE SU DESTIERRO Y DISPERSION, HASTA LA EPOCA PRESENTE.

PÁRRAFO III.

349. Ciento veinte y dos años despues que las diez tribus, que componian el reino de Israél ó de Samaría, salieron desterradas de su Dios, y fueron llevadas cautivas á la Asiría por Salmanasar, rey de Nínive, las dos tribus que restaban y componian el reino de Judá, fueron del

* Veni autem ut docerem te quae ventura sunt populo tuo in novissimis diebus, quoniam aduc visioin dies. — Dan. x, 14.

t ¿ Usquequo finia horum mirabilium i Dan. xii, 6.

X Per viventem in aeternum, quia in tempus, et tempora, et dimidium temporis. — Id. vii.

§ Vide supra in hoc fol.

-mismo modo, y por las mismas causas desterradas y conducidas á Babilonia por Nabucodonosór. Esta transmigracion se concluyó perfectamente once años despues, cuando el mismo Nabuco irritado por la rebelion de Sedecías, tío del último rey (á quien habia fiado la regencia del reino y honrado con el título de rey) volvió con mas furor contra Jerusalén; y habiéndola saqueado y arruinado enteramente y egecutado casi lo mismo con todas las ciudades de Judéa, se llevó consigo á sus habitadores, no dejando en toda la tierra sino algunos pocos de la plebe de los pobres, que absolutamente no tenian cosa alguna *: los cuales no dándose por seguros, no tardaron mucho en desterrarse á sí mismos, huyendo á Egipto.

350. Cumplidos los 70 años que habia predicho Jeremías, capitulo xxix, el rey Ciro que por muerte de Dario acababa de sentarse en el trono del imperio, movido é inspirado de Dios (como él mismo lo dice en su edicto público, y como lo habia anunciado Isaías capítulo xlv, llamando á este príncipe con su propio nombre Ciro, doscientos años antes) concedió licencia á los Judios que quisieran, y aun los exortó á volver á Jerusalén, y á edificar de nuevo el templo del verdadero Dios: mandando que se les restituyesen los vasos sagrados que habia transportado Nabucodnosór, y se les ayudáse con todo lo necesario pvtra el edificio sagrado. Con esta licencia volvieron algunos con Zorobabel, señalado del mismo rey Ciro por conductor de aquella tropa de voluntarios (los cuales todos fueron de la tribu de Judá y Benjamín) con algunos sacerdotes y Levitas, como se lee espreso en el libro primero de Esdras, capítulo primero: levantáronse los príncipes de los padres de Judá y de Benjamín, y los Sacerdotes, y los Levitas t. En el capítulo segundo para mayor claridad se dice, que los que volvieron á Jerusálén eran descendientes

* De plebe pauperum, qui nihil penitüs habebant. — Jerem. xxxix, 10.

f Et surrexerunt príncipes patrum de Juda et de Benjamín, et Sacerdotes, et Levitae. — 1 Etdr. i, 5.

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