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FENÓMENO VI.

LA IGLESIA CRISTIANA.

230. Los dos puntos capitales, que aora vamos á examiminar, esto es, la Iglesia cristiana, y la cautividad de Babilonia, no merecen tanto el nombre de fenómenos cuanto de antifenómenos, ó de velos, ó de nubes, ó de impedimentos para la observacion de los verdaderos fenómenos. Estas son aquellas dos grandes y antiguas fortalezas que han servido y sirven como de refugio y asilo contra toda clase de enemigos. A. ellas se acojen frecuentísimamente los intérpretes de la Escritura, y en ellas aseguran á su parecer invenciblemente todas sus ideas sobre la segunda venida del Mesías; haciendo desde aquí tanto fuego, ó por mejor decir, tanto ruido para auyentar las ideas enemigas, que el paso queda, si no cerrado absolutamente, á lo menos sumamente dificil y casi impracticable.

231. Ya habreis reparado en todo el fenómeno antecedente la gran dificultad y trabajo con que hemos caminado, siéndonos necesario casi á cada paso abrirnos camino á fuerza de brazos, y disputar largo tiempo sobre un palrao de tierra, ya con la una, ya con la otra fortaleza, ya con ambas á un mismo tiempo; pues como el paso frecuente entre estas dos grandes fortalezas nos es inevitable, por estár situadas á la una y á la otra parte del camino real que deseamos seguir, se hace ya necesario dejar por algun tiempo toda otra ocupacion, y convertir todas nuestras atenciones á las fortalezas mismas, como si fuesen en la realidad dos grandes fenómenos, dignos de la mas atenta y mas prolija observacion. Con esto, examinadas cada una de por sí; examinadas de propósito, sin divertirnos á otra cosa; examinadas de cerca cuanto nos sea permitido, podrémos saber de cierto si son inespugnables ó no: es decir, si son capaces de defender las ideas contrarias, ó no: ó para ceder prudentemente y retirarnos del empeño, ó para seguir nuestro camino sin temor alguno. Estas dos fortalezas son: primera, la cautividad de los Judios en Babilonia, y su vuelta á Jerusalén y Judéa. Esto es lo que llaman sentido literal en las mas de las profecías, á lo menos en cuanto se puede. Mas como realmente se puede poco, y las mas veces nada, queda para suplirlo todo la segunda fortaleza, amplísima, fortísima, inaccesible, que se hace respetar con solo su nombre. Queda, digo, en sentido alegórico, especialmente intentado por el Espíritu Santo, la Iglesia cristiana. Empecémos por esta, que es la mas trabajosa.

ALGUNOS PRESUPUESTOS NECESARIOS.

PARRAFO I.

232. Antes de acercarnos á esta fortaleza sagrada, y digna de nuestro mas profundo respeto, para que podámos entendernos bien, y proceder sin confusion, y aun sin sospecha de temor, debemos indispensablemente presuponer dos cosas indispensables. Primera: la nocion, ó la idea clara de todo lo que se significa y comprende en esta palabra, Iglesia cristiana: es decir, lo que hay de cierto y de fe divina en este punto: lo cual deberá mirarse como una breve, sincéra y religiosa confesion de nuestra fe. Segunda: la nocion ó la idea igualmente clara del sentido, y de los términos en que solamente pensamos hablar. Sin estas dos nociones parece moralmente imposible cerrar del todo la puerta á sutilezas, ó equívocos, ó sofismas, ya directos, ya reflejos, que puedan fácilmente incomodarnos, enredarnos y aun oprimirnos.

PRIMERA NOCION.

233. La Iglesia cristiana ó católica, que es de la que hablo (ni puedo hablar de otra, pues á esta solamente reconozco por verdadera iglesia de Cristo), la Iglesia cris

tiana, digo, fundada por el Mesías mismo, por el Hijo de Dios, por el Hombre Dios, regada con su sangre, y fecundada con su Espíritu, &c. es la verdadera y única Iglesia de Dios vivo, en esta nuestra tierra. Esta es, como dice el Apostol, columna y apoyo de la verdad*: la depositáría incorruptible y fiel de la verdad, á quien toca enseñarla segun la recibió: á quien toca por consiguiente el juicio y sentencia definitiva, sobre el real y verdadero sentido de las santas Escrituras: y lo que ella ha resuelto, enseñado y mandado en estos asuntos, y lo que resolviere, enseñare y mandare en adelante, como verdad de fe, debe ser recibido de todos sin contradicion ni disputa. Esta Iglesia es santa, y merece este nombre con toda propriedad, no solamente por la santidad de Dios á quien está consagrada, y á quien se encamina directamente, sino tambien por la santidad del espíritu que la une y anima: por la santidad de su fundamento y de su cabeza, que es Cristo mismo: por la santidad de su culto, de sus sacramentos, de su moral, de sus leyes: y en suma, porque solo dentro de ella se puede hallar aquella justicia y santidad, que hace á los hombres hijos de Dios. Y si hijos, tambien herederos: herederos verdaderamente de Dios, y coherederos de Cristo f.

234. Esta Iglesia es católica ó universal, porque siendo esencialmente una, comprende y abarca dentro de sí todos los pueblos, tribus y lenguas, que han querido y quisieren entrar en adelante, y agregarse á ella. A ninguna nacion escluyc, ni á ninguno de sus individuos, ni aun á los viles y míseros Judios: los cuales sin la fe, que es el estado en que actualmente se hallan, son mirados del Dios de sus padres, como cualquiera otra nacion infiel, y lo serian eternamente si no hubiesen de salir de este estado infeliz, como ciertamente han de salir segun las Escrituras. Porque en Jesucristo ni la circuncision vale algo, ni el pre

* Columna, et firmamentum vcritatis. — 1 ad Tim. iii, 15. T Si autem filii, et haeredes: hseredes quidem Dei, cohaeredes autem Christi. — Ai Rom. viii, 17.

TOMO II. M

pucio, sino la fe que obra por caridad*. Esta fe pura é incorrupta es la que hace al caso: esta es la que hace hijos verdaderos de Abrahán: esta es la que constituye el verdadero Cristianismo, ó la verdadera Iglesia cristiana, en donde no hay Gentil y Judio, circuncision, y prepucio, Bárbaro, y Scita, siervo, y libre: mas Cristo es todo en lodos f.

235. Esta iglesia es asimismo apostólica, y tambien se dice con propiedad romana: porque toda la autoridad y jurisdiccion, ó potestad espiritual la puso el Hijo de Dios mismo en sus apóstoles, y sobre todos en el príncipe de ellos S. Pedro, toda está y estará hasta que él venga en sus legítimos sucesores, que son los Obispos, y sobre todo en el sucesor del principe de los Apostoles San Pedro, que es el obispo de Roma, al cual llamamos todos los católicos el papa, ó padre comun, ó el sumo pontífice, y á quien reconocemos por vicario de Cristo en la tierra, y cabeza visible de la verdadera y universal Iglesia. Por consiguiente reconocemos á este obispo de Roma por el verdadero centro de unidad, á donde deben encaminarse, y llegar y comunicar con él todas las líneas que parten de la circunferencia de todo el orbe cristiano; y los que no se encaminaren á este centro, ni comunicaren con él, van ciertamente desviados, y no pertenecen á la unidad esencial del cuerpo de Cristo, ó á la verdadera Iglesia cristiana. Otras mil cosas habia aquí que decir, las cuales ó se disputan hasta aora, ó no son de este lugar. Bastan estas pocas, que son las sustanciales para una confesion de fe.

SEGUNDA NOCION.

236. Esta Iglesia cristiana, esta Iglesia católica, única esposa del verdadero Dios, no obstante ser esencial

* Nam in Christo Jesu neque circumcisio aliquid valet, neque praeputium: sed filies, qn.e per charitatem operatur —Ai Gal. v, 6.

t Ubi non est Oentilis, et Judaeus, circumcisio, et preeputinm, Barbarüs, et Scytha, serFtís, et liber: sed omnia, et in omnibus Christus.— AdCd.m, 11.

mente tthá é indivisible, se compone necesariamente de dos partes diversas entre sí, sin lo cual todo fuera en ella un desorden, una confusion inintelijible. Se compone, digo, necesariamente de dos partes: á saber, activa y pasiva: esto es, de madre é hijos: de maestra y discípulos: de gobernadora y de gobernados: de directora y de dirijidos, 8cc. Por esta nocion clara y palpable, parece bien fácil conocer con ideas claras y palpables la diferencia que hay entre el verdadero significado de estas dos palabras: Iglesia de Dios, y esposa de Dios. La primera es una palabra general que comprende á todos los fieles de uno y otro sexo, grandes y pequeños, sábios é ignorantes, civiles y rústicos, sacerdotes y legos. La segunda parece claro que solo puede competir á la parte activa de la misma Iglesia, que es el sacerdocio, ó por hablar con mayor propiedad, el cuerpo de los pastores. Esta parte activa es la que llamámos con verdad nuestra madre la Iglesia, y de esta sola hablamos cuando decimos: la Iglesia lo enseña: la Iglesia lo decide: la Iglesia lo manda. Y si esta es propiamente nuestra madre, esta es tambien la esposa en la casa de Dios, á quien toca parir hijos de Dios, á quien toca criarlos, sustentarlos, enseñarlos, gobernarlos y corregirlos, &c.

237. De aqui se sigue otra nocion de gran importancia, que puede aclarar mis ideas no poco confusas, esto es, la inteligencia verdadera y genuina de algunos lugares del evangelio los mas terribles para los Judios. Quiero decir: ¿qué es lo que realmente se les ha quitado á los Judios en consecuencia de aquella terrible profecía de Cristo ó de aquella sentencia que pronunció contra ellos en estas pabras: Por tanto os digo, que quitado os será el reino de Dios, y será dado á un pueblo que haga los frutos de él*: y de aquella otra que ellos pronunciaron contra sí mismos, antes de saber de quienes hablaba: A los malos destruirá

* Ideff <fico vobisi, qttia auferetur a vobis regnum t)ei, et dabitur genti facienti fructus ejus. —Mat. xxi, 43.

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