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se buscará en ellos la iniquidad pasada, y no será hallada *, se buscará el pecado, y no existirá f.

23. Pues con estos anuncios importunos y otros semejantes, de que tanto abundan las santas Escrituras, ¿qué harán? Recibirlos asi como se hallan, no es posible, sin detrimento inevitable de las ideas favorables. Negarlos ú omitirlos del todo, es una empresa muy dificil y muy peligrosa; aunque el omitirlos no deja de hacerse algunas veces, cuando ya el peligro se ve evidente, é inevitable de otro modo. No queda, pues, otro partido que tomar, sino el que tomaron nuestros rabinos: esto es, endulzar los unos, alegorizar los otros, ó espiritualizarlos, y hacerlos hablar á todos, de modo que no perjudiquen, no hagan mucho daño á las ideas favorables. Acaso pensareis que esta es alguna insigne falsedad, ó alguna gran ponderacion; y yo, por todo descargo, os remito á los mismos doctores, sobre estos puntos de que hablo. En ellos podreis ver, y quedar plenamente convencido, de que ni miento ni pondero, sino que antes quedo cortísimo en mis espresiones.

24. Estas cosas que acabo de apuntar, y otras muy semejantes á ellas, son sin duda alguna, las que únicamente tienen en mira, cuando nos dicen y ponderan el gran peligro que hay en leer las Escrituras, sin la luz y socorro de sus comentarios; no sea váyamos á creer lo que sobre esto leemos con nuestros ojos: no sea que, como creemos sin dificultad todo cuanto hallámos en las Escrituras contra los judios, y en favor de las gentes cristianas, así tambien creamos simplemente lo que hallámos en contra y en deshonor de las gentes cristianas, y en favor de los judios: no sea que caigámos en el error de pensar ó sospechar, que aquel gran trabajo que sucedió al mismo pueblo de Dios, ó á su primera esposa, pueda tambien suceder al nuevo pueblo, recojido y formado de varias gentes y naciones, ó á la segunda esposa tan amada del mismo Dios: no sea, en fin, que abrámos los ojos y mirémos, aun como posible, que la primera esposa de Dios, ó la casa de Jacob, arrojada con tanta ignominia, y castigada con tanta severidad, pueda algun dia volver á la gracia de su esposo: pueda algun dia ser llamada y asunta con grandes ventajas á su antigua dignidad: pueda algun dia ocupar el puesto, que aora ocupa la que entró en su lugar, cuando esta sea tan infiel y tan ingrata como ella, cuando la supere en malicia, y la justifique con la abundancia de su iniquidad. Todas estas cosas que acabo de apuntar, solo como en cifra ó en diseño, en adelante se irán desenvolviendo poco á poco, pues no es posible esplicar en pocas palabras unos misterios tan grandes, y al mismo tiempo tan delicados.

* Et non invenietur.—Jerem. 1, 20. t Et non erit.—Id. ib.

25. Volviendo aora á lo que habiamos comenzado, parece cierto é innegable, que el estado futuro de los judios lo tocan los doctores cristianos (cuando se ven precisados á tocarlo) con tanta indiferencia, con tanta frialdad y con tanta, prisa, que si hemos de juzgar por lo poco que nos dicen, y por el modo con que nos hablan, casi, casi vienen á parar en nada. Segun lo que nos dicen, y segun el modo con que lo dicen, todo cuanto anuncian las Escrituras sobre este asunto, con términos y expresiones tan claras, tan vivas, tan magnificas, debe reducirse solamente á esto: que acia los fines del mundo, y en visperas de acabarse todo, los judios que entonces quedáren conocerán la verdad, abrazarán la fe de los cristianos, y la Iglesia los recibirá benignamente dentro de sí. Esta gran merced que hacen los doctores cristianos, con tanta liberalidad, á la casa de Abrahan, de Isaac y de Jacob (los hombres mas ilustres que ha tenido el mundo), no penseis, señor, que todos la hacen del mismo modo, y con la misma generosidad. Los mas se contentan con decir en general y en confuso, que al fin del mundo se convertirán ó todos ó muchos: y S. Gregorio da como por supuesto que aun al fin del mundo, apenas recibirá la Iglesia á los judios que hallare*.

* Sancta namque Ecclcsia in primitiis suis multitudine genthim

26. Algunos doctores, como Dionisio Cartujano, Barradas, &c., no atreviéndose á negar del todo, ni tampoco á conceder del todo lo que con tanta claridad y formalidad dice á las gentes cristianas su propio Apostol*, añaden de suyo, que cuando los judios se conviertan á Cristo, serán unos cristianos escelentes: que en los tiempos mas calamitosos, cuales deben ser los tiempos del Anticristo, serán el mayor consuelo de la Iglesia cristiana: que defenderán la fe, y aun la propagarán en todo el mundo, donde están esparcidos: que por su fervor y celo atraerán contra sí toda la indignacion del Anticristo, no obstante de ser este su propio rey y Mesías, amado y adorado de todos, &c. ¡ O cuanto mejor fuera delante de Dios, y delante de los hombres f, que en lugar de las noticias que no se hallan en la revelacion, tomásemos fiel y sencillamente las que se hallan, y nos contentásemos con ellas! Segun estos autores (que cuidan poco de guardar otras consecuencias, pues no tratan de toda la Escritura) la conversion de los judios deberá preceder al Anticristo.

27. Mas el comun sentir de los intérpretes, á quienes es preciso guardar consecuencia de algun modo posible, difiere este gran suceso hasta despues de la muerte de este monarca imajinario, como dijimos en otra parte; suponiendo lo que no es posible probar, que ha de ser judio de la tribu de Dan: que los judios lo han de recibir por su Mesías: que lo han de buscar y unirse con él: que le han de edificar de nuevo, con suma grandeza y magnificencia, la ciudad de Jerusalén para corte de su imperio universal, &c. Mas despues que lo vean muerto, destruido su imperio, y descubiertas sus ficciones diabólicas, desengañados y corridos, se volverán de todo corazon á su verdadero Mesías, y creerán en él. Preguntad á este comun de los intérpretes (dejando por aora otras preguntas que ya

fecundata, vix in mundi fine judaeos quos invenerit, suscipiet.—Dir. Greg. 1. iv, de mor. c. 4. •

• Ad Rom", xi.

t Coram Deo, et hominibus. — Vtde x'ú, 17, ad Rom.

quedan hechas) ¿ si en los tiempos mismos del Anticristo, y en medio de su persecucion al cristianismo, sucederá la conversion que esperamos de los Judios? Y vereis como no se atreven á negarlo del todo, ni tampoco á concederlo del todo. ¿Por qué razon? Porque en este mismo tiempo ponen la venida de Elias, persuadidos que este profeta debe ser uno de aquellos dos testigos, de quienes se habla en el capítulo xi del Apocalipsis. Y como la Escritura divina, cuando habla de la futura venida de Elias, que solo es en cuatro únicos lugares, no le señala otro destino, ú otro ministerio que la conversion de Israél, y la restitucion de todas sus tribus, como se puede ver en el Eclesiástico, en Malaquías, en el evangelio de S. Mateo, y en el de S. Marcos*; se hace cosa durísima decir, que nada conseguirá Elias, despues de mas de tres años de ministerio: pues esos dos testigos, como consta espresamente del mismo testo, han de ser muertos por el Anticristo: por consiguiente, han de acabar su ministerio antes del fin del Anticristo. De aquí se sigue manifiestamente que, ó ninguno de los dos testigos es Elias, lo cual es contra la suposicion comun, ó si alguno de ellos es Elias, la conversion de los judios, su restitucion, su asuncion y remedio pleno, de que habla S. Pablo, y de que habla el evangelio, no puede ser, ó suceder despues del Antecristo; pues á esto solo dice la escritura que ha de venir Elias, y que para esto solo está reservado.

28. Este embarazo tan visible, que parecía capaz de desconcertar muchas medidas, se ve quitado de por medio con gran facilidad. ¿ Cómo l Diciendo secamente y como de paso, que algunos judios no dejarán de convertirse, aun en los tiempos del Anticristo, por la predicacion de Elias. IY las palabras espresas del Hijo de Dios: Elias, cuando vendrá primero, reformará todas las cosas f, no tienen otro significado que la conversion de algunos Judios? Por

• Eccles. xlviii; Malaq. ult; Mat. xvi i; et Marc. ix. t Elias, cúm venerit primó, restituet omnia. — Marc. ix, 11. TOMO II. C

aquí podemos ya empezar á divisar lo que en adelante hemos de ver, hasta hartura de vista*, esto es: la indiferencia, la frialdad estrema y aun el disgusto con que hablan los doctores cristianos de la vocacion futura de los Judios, del mismo modo que lo hicieron estos respecto de las gentes. Paréceme que oigo contra mí, cuando menos, aquella queja que dió a Cristo cierto legisperito: diciendo estas cosas, nos afrentas tambien á nosotros f: pues ningun doctor cristiano ha negado jamás la vocacion futura de los judios, ni su verdadera y sincéra conversion, antes todos conceden unánimemente, que algun dia, esto es, al fin del mundo, se han de convertir á Cristo, y han de ser admitidos al gremio de la iglesia. Bien: ;mas con esto solo se piensan verificar todas las profecías? ¿ Con esto solo se podrán contentar y satisfacer plenamente nuestras esperanzas? i No podrémos todos los Judios clamar á grandes voces y con infinita razon, que no tenemos necesidad alguna de sus concesiones liberales, teniendo para nuestro consuelo los santos libros, que están en nuestras manos J? 29. La conversion futura de los judios, que admiten y conceden unanimemente todos los doctores cristianos, ¿ de donde la han sacado? preguntamos todos los judios. I Acaso la han sacado de solo su discurso, ó de su ingenio ' . \ Pobres de nosotros, si no hubiera mas principio que este! Deben, pues, responder necesariamente, que la han sacado de la revelacion auténtica y pública, esto es, de las santas Escrituras, pues no hay otra fuente segura de donde poder sacar cosas futuras. Si la han sacado de las santas Escrituras se pregunta de nuevo, ¿ como ó por qué no han sacado, ni hecho caso alguno de tantas cosas admirables, que se leen en las mismas Escrituras, tan conjuntas, tan conexas y estrechamente unidas con la conversion futura de los judios? ¿ Como ó por qué han tomado solamente

* Usque ad satietatem visionis. — Isai. lxrí, 24. t Haec dicens etiam contumeliam nobis facis. — Luc. xi, 45. X Habentes solatio sanctos libros, qui sunt in manibus nostris. — Mac. xii, 9.

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