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LO QUE SE HALLA SOBRE ESTO EN LOS INTERPRETES.

PÁRRAFO I.

212. Habeis leido, señor mio, toda esta célebre profecía: y aunque debo pensar que la habeis leido con grande atencion, y con no menor admiracion, yo os suplico que volvais a leerla, no digo solamente dos ó tres veces, sino doscientas ó trescientas. Estoy cierto, que mientras mas la leyereis, hallareis mas que entender, y entendereis mejor. Esta es una de aquellas muchas profecías, verdaderamente terribles y admirables, en que el Espíritu Santo se esplica de un modo tan señoril, tan decisivo, tan claro, tan circunstanciado, que nada queda que hacer al ingenio humano. Todos los esfuerzos que este hiciere en contra, no servirán para otra cosa, que para dar á conocer su pequenez é insuficiencia. En cuantos autores he podido ver sobre este punto, hallo manifiestas señales de embarazo y temor, que no les es posible disimular del todo, por mas que lo pretenden. Empiezan á engolfarse al principio con gran suavidad, como que el mar está quieto, y los escollos, aunque no se ignoran, no se ven tan cerca que amenazo peligro; mas apenas han navegado algunas pocas millas: apenas han pasado algunos pocos versículos de la profecía, cuando se hallan rodeados de escollos terribles, que impiden el paso, y amenazan con un naufragio inevitable.

213. Empiezan á acomodar la profecía á los Judios en el tiempo de la cautividad de Babilonia. Estos son, dicen, los huesos secos y áridos, esparcidos por el campo: y estos mismos huesos, vestidos de nérvios, de carne y de piel, á quienes se introduce de nuevo el espíritu de vida, son los mismos Judios que volvieron de Babilonia. Mas como es imposible (cuanto puede estenderse esta palabra) seguir esta acomodacion, y llevar adelante esta idea sin que perezca y se aniquile entre tantos escollos, ved lo que hacen para librarla del inminente naufragio. Paréceme que haré un gran servicio á la verdad, en descubrir ó no disimular este artificio. Lo primero: dar muestra de no ver tal peligro ni tales escollos, ó á lo menos no temerlos; pues delante del enemigo no es bueno mostrar flaqueza. Lo segundo: como, no obstante esta intrepidez, el peligro se ve cierto é inevitable, si se da un paso mas adelante: para no dar este paso mas, y al mismo tiempo para no volver atrás con deshonor, ved la ingeniosidad. Finjen (digámoslo así para esplicarnos con toda propiedad) finjen prácticamente haber descubierto un enemigo terrible, á quien es preciso presentar la batalla: por consiguiente es necesario mudar de rumbo, porque este asunto es, sin comparacion más interesante que los cautivos de Babilonia. Este enemigo terrible, que obliga á mudar enteramente de rumbo, ;cual es? Es aquel error antiquísimo de la secta de los Saduceos, que dicen que no hay resurreccion, á quienes siguieron algunos herejes de los mas ignorantes y groseros del primero y segundo siglo. Este error tan perjudicial es preciso combatir aquí hasta destruirlo y aniquilarlo. Por tanto, dejados aparte los cautivos de Babilonia, y con ellos toda la profecía, con todos sus escollos, se ve convertir en un momento toda la esplicacion en una controversia formal sobre la resurreccion de la carne: pretendiendo probar y corroborar este artículo esencial de nuestra religion con este lugar de la Escritura.

214. No falta quien pase un poco mas adelante, y saque de esta misma profecía no solamente la verdad de la resurreccion, sino tambien otra noticia bien singular: es á saber, que poco antes de la resurreccion universal tendrán órden los ángeles de recoger todos los huesos, partículas y cenizas de todos los muertos, esparcidos en todo el orbe, y conducirlos todos al gran campo de Senaar, donde estaba situada Babilonia, y donde el profeta Ezequiel tuvo esta vision, i Para qué? para que todos los hijos de Adán resuciten en un momento, en un abrir de ojo; y puedan desde allí encaminarse todos juutos, y llegar presto al valle de Josafat, que es viaje de pocos dias, y entónces será

TOMO II, L

mucho mas breve, pues no tendrán que parar á comer ni dormir, &c.

215. Es verdad que el comun de los doctores no pasa tan adelante, ni admite, ni aprueba un despropósito tan solemne: mas tambien es verdad que el comun de los doctores se divierte y se detiene mucho mas de lo que era menester, en probar la resurreccion de la carne con esta célebre profecía, como si en ella no hubiese misterio directo é inmediato, y por eso digno de sus primeras atenciones. De aquí se sigue, que como ya fatigados de una disputa tan grave, pasan con suma ligereza, y á no pequeña distancia, por lo que resta de la profecía; señalando algunas cosas solo en general y confusamente, suponiendo otras sin pensar en probarlas, y omitiendo del todo las mas sustanciales, como si fuesen de ninguna importancia.

216. Aunque esto que acabo de decir me parece la pura verdad (como lo puede examinar por sí mismo el que pensáre lo contrario) no por eso pienso acusar de mala fe á los intérpretes de la Escritura. No ignoro la grande y notable diferencia que hay entre una mala fe y una mala causa, fundada en un principio falso, que se tiene inocentemente por verdadero. Lo primero supone malicia, artificio y dolo; lo segundo solo arguye impotencia. En este principio, pues, en este supuesto no verdadero, en este sistema no bueno, está todo el mal. ¿ Qué otra cosa me es posisible hacer, cuando veo que una profecía (ó ciento. ó» mil) falsifica formalmente, destruye, aniquila mi principio, mi supuesto, mi sistema, que yo tengo por único, y por consiguiente por indubitable? Negar la profecía, ó arrancarla de la Biblia sagrada, no es lícito. Acomodarla toda, ó gran parte de ella, á los cautivos de Babilonia, es imposible: porque los escollos que impiden el paso son tantos y tan unidos entre sí, cuantas son las espresiones y palabras de que se compone la misma profecía. Alegorizarla toda ó a lo menos alguna parte considerable, parece una empresa sumamente árdua é inasequible al ingenio humano. Pues en este conflicto, en esta situacion, en estas circunstancias tan criticas ¿ qué se hará 1 ¿ qué partido se podrá tomar para salvar de algun modo, y librar del naufragio inminente, el principio, el supuesto y el sistema? Discurrid, amigo, cuanto alcanzare vuestro ingenio; y yo me atrevo á profetizar, que no hallareis otra cosa mejor que lo que ya está discurrido. Quiero decir, divertirse en primer lugar (mucho ó poco, segun el carácter del autor, mas siempre con muestras de un grandisimo celo) á probar y confirmar, y roborar con esta profecía nuestro artículo de fe sobre la resurreccion de la carne. En segundo lugar, para dar una prueba real de sinceridad y buena fe, confesar francamente, que dicha profecía no tiene por objeto, directo é inmediato, la resurreccion de los muertos, que creemos y esperamos todos los Cristianos; sino que es una pura metáfora ó semejanza, tomada de la verdadera resurreccion que ha de suceder, para esplicar la cautividad de los Judios en Babilonia, y anunciar la saudade esta cautividad : y tambien (aunque de paso, y en sentido alegórico) la cautividad del Iinage humano por el pecado, y la liberacion por Cristo de esta misma cautividad.

217. En tercer lugar, como si esta fuera la verdadera inteligencia de la metáfora, como si esta inteligencia quedase ya probada, y demostrada, como si no la repugnase abiertamente todo el testo sagrado volver á insistir de nuevo en la disputa de la resurreccion; no ya porque la profecía mire directamente á la resurreccion de la carne; sino porque esta resurreccion de la carne se infiere manifiestamente de la misma profecía; pues no usára Dios de una metáfora tomada de la resurreccion, si no hubiera de haber verdadera resurreccion : pues nadie confirma loincierto por medio de cosas, que no constan de cierto*. Que lastima que unas cosas tan verdaderas y tan buenas en sí sean tan fuera del caso! Y la esplicacion de la profecía ; donde está 1 i No se habia empezado á acomodar á los

• Nemo enim per res non certo constantes incerta confirmat.

cautivos de Babilonia? ¿ Por qué, pues, no se prosigue esta acomodacion, hasta dejarla enteramente concluida? I Acaso porque lo impidieron los Saduceos enemigos de la resurreccion? Bien: mas ya estos Saduceos han quedado vencidos en la disputa, han enmudecido del todo, han desaparecido. Parece ya tiempo oportuno para seguir quietamente la esplicacion que se habia comenzado. ¡ O que peticion tan importuna! ¿ Cómo es posible seguir la esplicacion de una profecía tan difusa despues de las fatigas de una batalla tan reñida? Bastará, pues, decir en general, en pocas palabras, y desde cierta distancia, que los huesos áridos y secos de que se ve lleno todo el campo, son los Judios en el tiempo de la cautividad de Babilonia; y estos mismos huesos vestidos de nérvios, de carne y de piel, en quienes se introduce de nuevo el espíritu de vida, son los mismos Judios que salieron de Babilonia y volvieron á su pátria. Luego verémos, como aun esto poco que aquí se dice tan en general, es incompatible con la esplicacion de la metáfora que se lee en la misma profecía.

218. Por lo que toca á la segunda parte, que es la principal, y la mas llena de escollos, la esplicacion es igualmente fácil y breve, y mucho mas fácil y breve por lo que en ella se omite, que es casi todo. Las dos varas ó cetros que unidos entre sí forman uno solo, el cual se pone estable y perpetuamente en la mano de un solo rey, á quien se da el nombre de David, ¿ qué significan ? Significan, dicen, en sentido literal, que despues de la vuelta de Babilonia, las dos casas ó reinos diversos de Israél, y de Judá, se unirán entre sí bajo de un mismo príncipe descendiente de David: el cual, como tambien dicen y confiesan, no puede ser otro que Zorobabél (no obstante que Zorobabél ni fué rey, ni príncipe, ni tuvo cetro, ni vara, ni autoridad alguna independiente). Bajo de este príncipe, nos quieren dar á entender, aunque con voz muy baja, que sucederia esta union de las reinos de Israél y Judá: siendo muy verosímil, añaden, que algunos individuos de todas las

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