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qué ocasion, y para qué tiempo l Hemos concluido, al parecer con evidencia, lo primero: que se habla con Sión, antigua esposa de Dios, y que á ella sola se dirijen, no una ni cuatro, sino todas las palabras consolatorias, y todas las promesas que contiene la profecía. Lo segundo: que se habla con esta antigua esposa de Dios, no en otro estado, sino en el estado de soledad, de viudez, de abandono, en que quedó despues del Mesías, y despues que otra esposa nueva ocupó su puesto. Lo tercero: que no habiéndose verificado jamás en la Sión con quien se habla, cosa alguna de cuantas se le dicen y prometen, deberémos esperar otro tiempo, en que todas se verifiquen: la mano del Señor no se ha encogido para no poder salvar.

157. Esto supuesto, veamos aora brevemente las cosas mismas que se dicen y prometen á esta antigua esposa de Dios. Ellas son tuu grandes, que por eso mismo se ha pensado que no pueden hablar con ella. Sin esto no hubiera habido quien se las disputase; puesto que las primeras palabras con que empieza el Señor su consolatoria, son tan amorosas, tan tiernas, tan espresivas, que ellas solas muestran claramente, que debe haber alguna grande y estraña novedad; así de parte de Sion, que Hora su soledad y desamparo, como de parte del Mesías, que atiende á su llanto, y se pone de propósito á consolarla. "¿ Puede acaso una madre (empieza diciendo) olvidarse de su tierno infante? ¿Puede mirar con indiferencia el dolor y afliccion del fruto de su vientre 1 Pues mas fácil es esto, que no que yo me olvide de tí." Despues de este primer requiebro sumamente espresivo, para que no piense que son únicamente buenas palabras, pasa luego á decirle toda la gloría y honra que le tiene preparada. Y en primer lugar le habla de su próxima reedificacion siguiendo siempre la metáfora de la ciudad de David: es decir, le habla de su renovacion, de su asuncion, de su remedio pleno, cuyo diseño ó cuyo plan, dice que lo tiene como grabado en sus propias manos*.

* Ecce iu manibus meis descripsi te. — liai. xlix, 16.

Y como si ya estuviese coocluida esta renovacion, de que se habla en todos los Profetas, la convida en espiritu á que levante sus ojos, y mire por todas partes al rededor de sí*. IY qué es lo que ha de mirar? Es aquello mismo que es toda la causa de su llanto. Lloras (como si dijera) porque me he pasado á las gentes, y vivido entre ellas tantos siglos, obligado de tu incredulidad, y de tu estrema ingratitud: ved aquí el fruto copiosísimo que se ha recogido por mi solicitud. Todos estos hijos de Dios, que estaban dispersos, se han congregado en unof: todas estas ovejas, que no eran de este aprisco%, han sido traídas á este ovil, ó 4 este rebaño sobre mis propios hombros; y todos se han congregado y venido, no solamente para mí, sino tambien para tí. No tienes que mirarlos como estraños§: tú eres su propia madre, y ellos son tus propios hijos. Yo te juro que de todos ellos te vestirás algun dia, y todos te servirán de galas y de joyas preciosísimas: Vivo yo, dice el Señor, que de todos estos serás vestida como de vestidura de honra, y te los rodearás como una esposa ||.

158. Estos hijos tuyos (prosigue diciendo) no obstante que son hijos de tu esterilidad: estos hijos que te han nacido, sin saberlo tú, en aquellos mismos tiempos en que has vivido como viuda, y verdaderamente viuda y desamparada^; estos hijos tuyos serán tantos, que no pudiendo caber en tus confines, desde el rio de Egipto hasta el grande rio Eufrates**, te pedirán un espacio mayor en que habitar (espresiones todas conocidamente figuradas). Aun dirán en tus oídos los hijos de tu esterilidad: angosto es para

* Leva in circuitu oculos tuos et vide. — Id. ib. 18.

t Qui erant dispersi... in unum.—Joan, xi, 52.

\ Quae non erant ex hoc ovili.— Vtde Joan, x, 16.

§ Non sunt enim filii alieni.

|| Vivo ego, dicit Dominus, quia omnibus his velut ornamento vestiéns, et circumdabis tibi eos quasi sponsa. — Itai. xlix, 18.

f Sicut vidua, et vere vidua, et desoíate. — Vide 1 ad Tim. v, 5.

*• A fluvio iEgypti, usque ad fluvium magnum Euphratem.— Gen. xv, 18.

el lugar, hazme espacio para que yo habite. Entónces dirás, ó Siún, dentro de tu corazon: ;quién me ba parido estos hijos? ¡ Yo estéril, yo viuda, yo leño seco, incapaz tantos siglos ha de parir hijos de Dios! ¡ Yo desterrada, cautiva, abominada de Dios y de los hombres, olvidada, destituida y sola! Y estos hijos mios ¿ de donde han salido? Y estos i donde estaban? Y estos ¿ quién me los ba criado, sustentado y educado*?

159. Parémos aquí un momento. Estas palabras ¿quién las dirá, ó á quién pueden competer? ¿ Acaso á la Iglesia cristiana, á la esposa actual del verdadero Dios? ¿No veis la impropiedad y la repugnancia? La esposa actual no puede ni ha podido jamas decir con verdad: yo esteril, y sin parir, echada de mi pátria, y cautiva;... desamparada y sola... Pues si esto no compete de modo alguno á la esposa actual; luego no se habla con ella de modo alguno; luego se habla con su antecesora. No hay medio entre estas dos cosas. Sabemos de cierto que Dios solo ha tenido dos esposas. La primera la apartó de sí por justas razones, con indignacion y con grande iraf: la segunda que entró en su lugar, es la que aora reina; á esta no le competen las palabras de que hablamos; luego á la primera: luego esta misma es la que las dirá algun dia, á vista de los innumerables hijos de Dios que le han nacido en el tiempo mismo de su esterilidad.

160. Siguese de aquí, lo primero: que esta antigua esposa de Dios, actualmente estéril, desterrada, cautiva, destruida y sola, ha de salir algun dia de su estado actual, ha de salir de su destierro, de su cautiverio, de su soledad, de su esterilidad: ha de ser llamada otra vez, y asunta á su antigua dignidad. Y si no, ¿cuando, ni como podrá decir estas palabras? Y dirás en tu corazon ¿ Quién me engendró estos? yo estéril, y sin parir, echada de mi pátria,

* Et dices in corde tuo: ;Quis genuít mihi isios? ego sterilis, et non pariens, transmigrata, et captiva: et iatos ;quis enutrivit? ego destitutaet sola: et isti <ubi erant?—hai. xlix, 21.

t In indignationc, et in ira grandi.— Jerem. xxi, 5.

y cautiva; y estos ¿ quién los crió? yo desamparada y sola: y estos ¿ en donde estaban? Siguese lo segundo: que todos los hijos de Dios que han nacido, y en adelante nacieren y se congregaren de entre las gentes, todos son en la realidad hijos de aquella primera esposa; pues á ella se han de atribuir, á ella se han de agregar, ú ella han de reconocer por madre, y le han de servir de ornamento y de gloria: vivo yo, dice el Señor, que de todos estos serás vestida como vestidura de honra, y te los rodearás como una esposa. »

161. Se puede aora temer, no sin gran fundamento, que estas cosas que acabo de decir os causen alguna gran novedad, y tal vez alguna especie de escándalo, pareciendoos (aunque todavia muy confuso) que ya me acerco al precipicio, y que al fin como judio, no estoy muy lejos de judaizar. No, amigo mio, no temais donde no hay que temer: no seais uno de aquellos de quienes se dice en el salmo xiii, allí temblaron de miedo, donde no habia motivo de temor*. Estoy muy lejos y agenisimo de esta estulticia. Lo que es judaizar, y lo que únicamente merece este nombre, no ignoro. Así, creo firmemente como una verdad de fe, definida en el primer concilio de la Iglesia, que la circuncision y las otras observancias puramente legales de la ley de Moises, no obligan de modo alguno á los Cristianos, ni son necesarias, ni aun conducentes para la salud; mas creemos ser salvos por la gracia del Señor Jesucristof. El creer alguna cosa contraria á esta verdad, es lo que únicamente se llama judaizar. Si fuera de esto hay otra cosa que merezca este odioso nombre, yo la ignoro absolutamente, ni me parece posible señalarla. En consecuencia de esto, habreis reparado ya, ó debereis repararlo, que cuando digo que la casa de Jacob, la cual fué antiguamente pueblo de Dios y esposa suya, y ya aora no lo es, lo volverá á ser en algun tiempo; no hablo de otro modo que como habla la

* Illic trepidaverunt timore, ubi non crat timor. — Ps. xiii, 5. t Sed per gratiam Domini Jesu Christi credimus salvan.—Act. xv, 11.

divina Escritura, esto es, que volverá á serlo en otro estado infinitamente diverso, y bajo de otro testamento nuevo y sempiterno: Y asentaré con ellos otra alianza sempiterna*: haré con vosotros un pacto sempiterno, las misericordias firmes á David f: y haré nueva alianza con la casa de Israél, y con la casa de Judá%:... Y haré con ellos un pacto eterno, y no dejaré de hacerles bien; y pondré mi temor en el corazon de ellos, para que no se aparten de §.

162. Si aun con esta limitacion os causan todavia novedad y estrañeza las cosas que voy hablando, me será necesario aplicaros aquellas palabras que decia Cristo, en ocasion muy semejante, al legisperito y pio Nicodemus: ;Tu eres Maestro en Israel, y esto ignoras^. ¿Puedes ignorar que todos los hijos de Dios, que despues del Mesías se han recogido y se recogerán de entre las gentes, son todos del linage de aquella muger? Y si todos son de su linage, luego todos son sus verdaderos hijos, y todos realmente le pertenecen: así como hablando segun la naturaleza, todos los hombres somos hijos de Eva, y todos pertenecemos á esta comun madre de todos. ¿ Puedes ignorar que ninguno puede ser salvo, ni ser admitido á la dignidad de hijo de Dios sin la fe? ¿Y puede haber verdadera fe sino en los hijos verdaderos de Abrahán? Reconoced, pues, que los que son de la fe, los tales son hijos de Abrahán... Y así los que son de la fe, serán benditos con el fiel Abrahán*\.

* Et statuam illis testamentum alterum sempiternum. — Bar. ii, 35.

t Feriam vobiscum pactum sempiternum, misericordias David fideles. — hai. lv, 3.

X Et feriam domui Israel, et domui Juda foedus novum. —Jerem. xxxi, 31.

§ Et feriam eia pactum sempiternum, et non desinam eis benefacere: et timorem meum dabo in corde eorum, ut non recedant a me, &c. — Id. xxxii, 40.

|| Tu es Magister in Israel, ¡ et haec ignoras ? —Joan. iii. 10.

1T Cognoscite ergo, quia qui ex fide sunt, ii sunt filii Ábranae... Igitur qui ex fide sunt, benedicentur cum fideli Abraham.—Ad Gal. iii, 7 et 9.

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